Los trabajadores de Kraft marcan un camino de lucha

La lucha que protagonizan los trabajadores de la multinacional norteamericana Kraft Foods reafirma el rol clave que puede desarrollar la clase trabajadora si confía en sus propias fuerzas, al tiempo que pone en evidencia el papel del gobierno y de la burocracia sindical.
No bastaron los más de 150 despidos. No. Fueron necesarios casi 40 días de dura lucha de más de 2.500 obreros, de paros, piquetes, movilizaciones y represión, para que los medios de comunicación tomaran nota del importante conflicto que se desarrollaba en la planta que la empresa Kraft tiene en el norte del Gran Buenos Aires.


Patronal y gobierno, contra los obreros

Sin dudas, uno de los rasgos característicos del conflicto en Kraft es la intransigencia y la impunidad que muestra la empresa norteamericana. Una intransigencia y una impunidad propia de todos los capitalistas, que hacen y deshacen cuanto desean. Y los capitalistas de Kraft, además, son imperialistas, y están acostumbrados a imponer sus leyes en cualquier parte del mundo. En Argentina no podría ocurrir otra cosa, ya que el gobierno de los Kirchner los ampara decididamente.
La patronal, como única respuesta a los reclamos obreros, implementó despidos masivos. Despidos que, además, afectaron a trabajadores con fueros gremiales, como los miembros del Cuerpo de Delegados, de la Comisión Interna y los congresales del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia. Sin reparar en estos fueros, la empresa recurrió al despido, y punto. La conciliación obligatoria dictada por el ministerio de trabajo, que algún papel debía simular, fue abierta y explícitamente violada por la patronal estadounidense. No sólo no reincorporó a los despedidos, sino que, además, despidió a otros trabajadores durante el período de conciliación. Mientras tanto, el gobierno hacía la vista gorda.
Posteriormente, la empresa se negó a pagar los salarios de todos los trabajadores y presionó para que ellos mismos echen a sus compañeros despedidos. Nuevamente, ante la medrosa intimación del ministerio de trabajo, la empresa se negó a regularizar los salarios, optando por pagar una multa antes que ceder frente a los trabajadores.
El gobierno de los Kirchner fue un mero instrumento de la empresa imperialista y la embajada de EEUU. Mientras crecía la tensión y se avecinaba la represión en la planta de Pacheco y sus alrededores, el ministerio de trabajo oficiaba de vocero de los empresarios de Kraft leyendo ante la prensa el comunicado emitido por la patronal en el que anunciaba que no reincorporaría a ningún despedido. Con este aviso, Daniel Scioli y Cristina Fernández llevan adelante la represión. Acto seguido, la embajada yanqui manifiesta su satisfacción por el manejo de la situación.
De este modo, Kraft Foods directamente aplica sus propias leyes. Junto a la embajada norteamericana, se ubica por encima de un gobierno servil como el de los Kirchner y dirige la situación a su antojo, impartiendo órdenes aquí y allá, desde los despidos, hasta la militarización, la represión, el desalojo de la planta y el reinicio de la producción.


La burocracia, contra los obreros

La burocracia del STIA, dirigida por Rodolfo Daer, desempeña su papel de toda la vida: a favor de la patronal y contra los trabajadores.
Ante la contundencia del atropello empresarial, la burocracia no podía quedarse de brazos cruzados. Entonces, tibiamente, convocó a una movilización al ministerio de trabajo con el objetivo de encauzar el conflicto por los carriles que conducen al abandono de la huelga y a la negociación, que, sin lucha, siempre favorece a los empresarios.
Pero los trabajadores no depositaron esperanzas en esta conducción entreguista y la lucha continuó en manos de los propios obreros a través de la asamblea general, de los Cuerpos de Delegados por sector y de su Comisión Interna antiburocrática.
Inmediatamente, la burocracia de Daer se sumó a las bandas patronales de gerentes y “líderes” para intentar romper la huelga y poner a funcionar la fábrica, desempeñando el rol de auténticos carneros. Al no poder doblegarla, debido a la firmeza de los trabajadores, intentó convencer a los obreros de que si levantaban el paro y los despedidos se iban de la planta, el STIA podría conseguir una reunión de negociación con la empresa. Pero sus tímidas promesas, que no son más que un llamado a abandonar la lucha, tampoco encontraron eco.
Al quedar completamente al margen de la toma de decisiones de los trabajadores, la burocracia de la alimentación se dedicó a condenar la lucha y a mentir descaradamente. Acusó a los obreros de generar “desbordes irreparables” como consecuencia “del pensamiento ideologizado”(¡!). Prosiguió afirmando que el conflicto “está vacío internamente”, que “no cuenta con la solidaridad de todos los compañeros” y que está “en manos de un grupo que desoye en forma permanente a los compañeros que quieren reiniciar su trabajo”.
Sin embargo, pese a las bochornosas declaraciones de Daer, la lucha no sólo se fortaleció dentro de la fábrica, sino que también se extendió, encontrando solidaridad en sectores de la clase trabajadora y el pueblo.
Después de la represión y la fuerte presencia mediática de la lucha, el propio Daer no tuvo más remedio que, momentáneamente, volver sobre sus palabras y anunciar que estaba por la reincorporación de los despedidos. Una falsa pose con la que pretende llevar hacia una estéril negociación para frenar la lucha y la organización de los trabajadores.


Los obreros, organizados y en lucha

Frente a la altanería patronal, la complicidad gubernamental y las maniobras burocráticas, se alza la organización y la lucha independiente de los obreros de Kraft.
Los trabajadores de la ex-Terrabusi supieron desarrollar una organización antiburocrática desde las bases. La conformación de los Cuerpos de Delegados por Sector es, sin dudas, una valiosa conquista para la organización sindical, que, mediante este organismo, logra llegar y arraigarse entre todos los trabajadores de la planta. Así explica un obrero la gestación y la función de los CDS: “Los votamos en asamblea en el 2008 y surge como una necesidad para organizarnos frente a las formas esclavistas, y viene a blanquear una representación que se daba de hecho en las líneas de producción, a causa de la brutalidad de la empresa y la limitación de una Comisión Interna de once miembros que no puede cubrir toda la planta, que ocupa más de 30 hectáreas y donde los problemas laborales son cotidianos”. Este tipo de organización, no reconocida ni por la empresa ni por la burocracia, empalma con la Comisión Interna , que se transforma, así, en la genuina voz de los obreros de Kraft.
Sin embargo, de poco valdrían las formas organizativas sin un contenido político antipatronal y antiburocrático. La Comisión Interna y los Cuerpos de Delegados se posicionan como la verdadera representación de los obreros y, por ende, contra la burocracia verde de Daer. Defienden genuinamente los intereses de los trabajadores dentro de la fábrica. Por eso, cuando algún delegado se “vende” a la burocracia tentado por los privilegios prometidos a cambio de traicionar a sus compañeros, inmediatamente es reemplazado por un nuevo trabajador de base.
Sobre estos pilares de organización antiburocrática es posible sostener, desarrollar y extender la lucha de resistencia contra los ataques patronales. Por eso, es posible un conflicto sindical tan prolongado, en el que la empresa, el gobierno y la burocracia apostaron al desgaste y, finalmente, debieron reprimir para intentar aplacarlo.
El sostenimiento de la paralización de la planta junto a los piquetes, las movilizaciones, el fondo de huelga y la solidaridad de que goza la lucha, hacen trascender el conflicto más allá de las fronteras de la fábrica y conquistar la simpatía, el apoyo y la mancomunión de una buena parte de la clase trabajadora y el pueblo.
Sin dudas, la experiencia de Kraft, como también la de los petroleros del sur que sostuvieron una larga huelga, junto a un sinnúmero de conflictos que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer, pone de manifiesto el protagonismo y el peso de la clase obrera. De desarrollarlo se trata. Pues solamente la clase trabajadora puede hacer frente al gobierno y la patronal.

Crónica de la lucha
Semana 1
18/08. Kraft envía 155 telegramas de despido (que sumarían 164 con los anuncios previos y posteriores a esta fecha). Los obreros resuelven permanecer en la fábrica y paralizar la producción. 19/08. El ministerio de trabajo dicta la conciliación obligatoria, que la empresa no respeta. 20/08. Corte de la ruta Panamericana. 21/08. Acto en la Panamericana. 22/08. Festival en solidaridad con la lucha. 23/08. Daer se compromete a convocar al paro general de no encontrarse una solución.
Semana 2
24/08. Audiencia de la conciliación con movilización al ministerio de trabajo. 26/08. Nueva movilización al ministerio de trabajo convocada por la burocracia. Patotas de la empresa intentan forzar a los trabajadores a retomar la producción. 28/08. La planta vuelve a funcionar por decisión de la asamblea general del día anterior. 29/08. Nuevo festival en solidaridad.
Semana 3
01/09. Se retoma el paro ante la falta de respuestas. 02/09. Corte de la Panamericana. 03/09. Familiares marchan a Plaza de Mayo y piden audiencia con la presidenta. 04/09. Lock-out. “Asueto” a todo el personal. Militarización de la planta. Los despedidos no abandonan la fábrica. Corte de la Av. Henry Ford. 05/09. Reunión de coordinación frente a Kraft.
Semana 4
07/09. Planta militarizada. Decisión patronal de impedir que entren los despedidos, que logran ingresar y realizar una asamblea. Represión. 08/09. Marcha a la quinta de Olivos. Cese de la conciliación obligatoria. 10/09. Dos cortes de la Panamericana. 12/09. Reunión de solidaridad en las puertas de la fábrica.
Semana 5
14/09. Escrache a la COPAL. 15/09. Movilización a la embajada de EEUU. 16/09. Burócratas, gerentes y “líderes” intentan poner a funcionar la fábrica, pero los trabajadores lo impiden. 18/09. La empresa anuncia que no pagará el salario de ningún trabajador. 19/09. Reunión multisectorial en las puertas de la fábrica. Festival solidario.
Semana 6
21/09. Corte de la Panamericana por el pago de sueldos y la reincorporación de los despedidos. El ministerio intima a la empresa a pagar los salarios adeudados. Kraft prefiere pagar la multa del ministerio y no los salarios obreros. Nuevo intento de la burocracia y la patronal para poner a funcionar la planta. 25/09. El ministerio y Kraft anuncian que no reincorporarán a los despedidos. Represión. La policía bonaerense desaloja la planta y sus adyacencias y se roba el fondo de huelga. Hay varios heridos y 65 detenidos. Varios cortes en distintas partes del país en solidaridad. Movilización a Plaza de Mayo.
Semana 7
28/09. La fábrica vuelve a funcionar bajo ocupación policial. Suspensión de 36 obreros. Corte de la Panamericana. Varios cortes en distintas partes del país en solidaridad. Movilización a Plaza de Mayo. Reunión “cuatripartita” (gobierno, empresa, burocracia y la interna). La empresa se compromete a revisar los despidos. 30/09. El ministerio comprueba que la empresa impide el ingreso a la planta de varios delegados. 1/10. Reunión en trabajo. La empresa propone reincorporar sólo 30 trabajadores. Los obreros rechazan la propuesta patronal. La lucha continúa por la reincorporación de todos los despedidos.
2/10. Un masivo despliegue de policía y gendarmería impide que los trabajadores corten la Panamericana.
3/10. Al cierre de esta edición se realizaba una asamblea frente a la fábrica, desde donde se convocó a una movilización al ministerio de trabajo el día martes 6 a las 16hs cuando se realizará una nueva reunión entre las partes. A las 18hs, marcha a Plaza de Mayo.