Otra represión a los trabajadores

Otra represión sobre el pueblo trabajador y, nuevamente, el gobierno la niega y los medios se esfuerzan por presentarla como un giro, un cambio en la política gubernamental. Pero esta nueva represión es un escalón más en la larga trayectoria represiva del gobierno de los Kirchner, que comienza allá en 2003.
Quieren hacer parecer que nadie dio la orden de reprimir. No habría responsables políticos, porque la represión emanó de “la justicia”, que pareciera ser un ente abstracto. Pero lo cierto es que la responsabilidad de la represión es compartida por unos cuantos. Las cámaras empresariales, la embajada norteamericana, el gobierno nacional y el provincial, con el visto bueno de la burocracia sindical.
Con el pedido represivo picaron en punta los jefes patronales. Héctor Méndez, presidente de la UIA , declaró que “La metodología abiertamente ilegal adoptada por un grupo de operarios (...) afectan la seguridad jurídica y el clima necesario para la inversión”. Por su parte, Jorge Zorreguieta, presidente de la COPAL , pidió “hacer cesar el estado de ocupación ilegítimo para que pueda restablecerse el trabajo y la producción en la citada planta”.
Entretanto, la burocracia de la CGT le guiñaba el ojo a los empresarios, condenando a los trabajadores por “ultraizquierdistas” y dando vía libre a la represión declarando que “cuando la cosa está crítica, quieren ayuda”.
Pero sin dudas, la luz verde la dio el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, quien explicó: “Hablé con el gobierno de la provincia de Buenos Aires, y pedí que en esto fuéramos un poco más contundentes. El fin a este conflicto tiene que ponerse y a corto plazo”. “No pueden entrar y salir de la planta como si fuera un shopping”. “Es la provincia la que tiene el poder de policía”. Rápidamente, entonces, el gobernador Scioli alistó a la bonaerense que, junto a gendarmería nacional, ejecutó el desalojo de la planta, de la Panamericana y las 65 detenciones, en las que la propia planta de Kraft funcionó como centro de detención de los trabajadores.
Una vez hecho el trabajo, la embajada norteamericana expresó su “satisfacción por la vuelta al normal funcionamiento de la planta”.
La avanzada represiva sigue su curso y, ahora, el gobierno envía cientos de efectivos para impedir los cortes de los obreros de Kraft.