OBAMA SOSTIENE LA POLÍTICA GUERRERISTA DEL IMPERIALISMO

A seis años de la invasión de Irak
El Revolucionario Nº47 (Junio de 2009)

Pese a la encendida propaganda que toda la prensa le hace al presidente Obama, mostrándolo como la encarnación de un supuesto viraje en la política exterior estadounidense, toda la realidad evidencia que no es más que una prolija continuación de la política imperialista de su antecesor, Bush.

Aún se esfuerzan en pretender mostrar un cambio en la política internacional de EEUU con la asunción del gobierno de Barack Obama. Hablan de un gobierno que dialoga, que no se impone, que defiende los derechos humanos, a las minorías, etc., etc., etc. Podríamos decir que toda esta propaganda queda sintetizada en el slogan “La era Obama”, que pretende mostrar un “quiebre”, que algo nuevo está comenzando.
Pero lo único novedoso que trae consigo la administración Obama es la preocupación casi exclusiva por maquillar la mala cara del imperialismo norteamericano. Por lo demás, en lo fundamental, sostiene y hasta profundiza, con la legitimidad que le brinda su reciente elección, la política imperialista por la que se caracterizó el gobierno de Bush. Los salvatajes de empresas y el nuevo protagonismo del FMI, por ejemplo, así lo atestiguan. El gobierno de Obama es su continuidad. Su cara más terrible, es sin dudas, el guerrerismo de Obama.
Ahí tenemos, para comenzar, el sostenimiento de la ocupación militar y de las masacres en Irak. El presidente norteamericano no hace más que repetir las promesas de su predecesor sobre una futura y lejana retirada, mientras cientos de iraquíes mueren a diario a manos de los marines y los colaboracionistas locales.
Al mismo tiempo, en Afganistán no sólo mantiene sus tropas, sino que las incrementa, al igual que los recursos económicos para su “reconstrucción”. Evidenciando sus planes, Obama puso al mando de las operaciones en Afganistán al general McChrystal, un veterano de la guerra de Irak, especializado en contrainsurgencia e infiltración.
Pakistán no quedó al margen de la guerra impulsada por EEUU. El mes pasado, dos misiles norteamericanos fueron lanzados por un avión sin piloto sobre una población pakistaní, causando, al menos, 25 muertes. Inmediatamente, los enviados de Obama se pusieron a dirigir al ejército local para que concrete la persecución de los resistentes.
Paralelamente, el gobierno norteamericano mantiene su intervención directa en Colombia, donde cuenta con la colaboración estrecha del gobierno de Álvaro Uribe, mantiene el control sobre la política expansionista del estado israelí sobre territorio palestino, y monitorea las tropas de sus colaboradores en Haití, entre ellas, las argentinas.
Obama no vaciló en apoyar militarmente a Corea del Sur en su latente conflicto con el estado norcoreano, del mismo modo que Bush se ubicó con Georgia durante los ataques de Rusia.
Como si fuera poco, EEUU cuenta con más de mil bases militares repartidas en unos cien países. La IV flota patrulla aguas latinoamericanas... De este modo, mantiene su presencia bélica en casi todo el planeta, reafirmando su rol de gendarme del mundo.
Además, en su planteo de “combatir al terrorismo en el marco de la constitución”, el presidente norteamericano da vía libre a la continuidad de los tribunales militares instrumentados por Bush, que aceptan como prueba las declaraciones obtenidas bajo tortura; brinda impunidad a los torturadores por considerar que “cumplen órdenes”; y se propone darle una fachada más presentable a la política carcelera de Guantánamo y las cárceles “secretas” de la CIA.
Una realidad es clara. En su necesidad de mantener su poderío económico y político, los imperialistas norteamericanos, como todos los imperialistas, no dudan a la hora de imponerse por la fuerza de las armas en cualquier rincón del mundo.
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LA GUERRA EN NÚMEROS
6 años de ocupación militar
1 millón de iraquíes muertos
5 millones de refugiados