El Revolucionario Nº13 (Mayo de 2006)
“El fabricante, al calcular su costo de producción, y con arreglo a él, el precio de los productos, incluye en el calculo el desgaste de los instrumentos de trabajo”.(...) “Del mismo modo hay que incluir en el costo de producción de la fuerza de trabajo simple, el costo de procreación que permite a la clase obrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer los obreros agotados por otros nuevos. El desgaste de los obreros entra, por tanto, en los cálculos, ni más ni menos como el desgaste de las máquinas. Por tanto, el costo de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los gastos de existencia y reproducción del obrero.” Carlos Marx, Trabajo Asalariado y Capital
Estos conceptos, que Marx vuelca en sus análisis del costo social de la producción de las mercancías en el capitalismo, pone en su verdadera dimensión a la salud y la enfermedad de los individuos en la clase trabajadora, y, si profundizamos, la de la sociedad capitalista en su conjunto.
No obstante, el discurso de la clase dominante se empeña en hacer creer que nuestras enfermedades y curaciones son episodios individuales en la vida de las personas, que corresponden al destino de cada uno, a la suerte. No es el mapa genético individual de un organismo, sino el sometimiento a un esfuerzo excesivo y a situaciones de stress, tal como lo plantea permanentemente la superexplotación patronal, lo que da todas las chances para padecer enfermedades o accidentes. La misma anarquía de la producción capitalista abriendo nuevos mercados, creando nuevas fantasías de consumo o no innovando donde efectivamente debiera hacerlo, sujeto a los intereses generales de la humanidad y no a los suyos, atenta contra la salud tanto como la superexplotación.
Tal como son las reglas capitalistas, la salud es un bien social que el estado burgués organiza y atiende de acuerdo a la producción capitalista, de igual forma que lo hace con la educación. En realidad el estado organiza la atención de las enfermedades y oculta su responsabilidad en la generación de las mismas.
Crisis económica, Ajuste y Salud:
Es bien claro que el capitalista signa el resultado de la competencia con sus iguales en la mayor extracción de ganancia posible a la mercancía fuerza de trabajo. A veces no es tan claro que las crisis del capitalismo siempre son soportadas por el ajuste que se produce sobre la clase trabajadora. El ajuste es sobre sus bienes de subsistencia, es decir sobre su salud (entendemos que variables como la vivienda, el transporte, la educación, el esparcimiento y el descanso, entre otras, determinan la salud de las personas individual y colectivamente).
El impacto de la crisis y la recesión económica, con la consecuente alza de la desocupación y la miseria, se manifiestan en la salud por medio de dos mecanismos que pueden actuar aislados, pero casi siempre son simultáneos. Uno es el de originar más enfermedades que requieren más demanda de atención médica, y el otro es la desproporción relativa y absoluta de la capacidad de cuidado de las enfermedades en relación a la demanda.
Desde la crisis de mediados de los 70, el subsector público fue aumentando su participación en la financiación del gasto en salud, con una fuerte caída del subsector privado, y en menor escala del subsector de obras sociales.
Dentro de la estructura del gasto del subsector público, hoy hay un permanente y progresivo paso del financiamiento a las municipalidades y provincias con arancelamiento de las instituciones. Es el ministro G. González García quien lo denunciaba para los 90, y quien hoy aplica esta política de dilución del costo por parte del estado, y del enmascaramiento y fragmentación de las legítimas broncas de los pacientes y los trabajadores de la salud.
El drenaje de los recursos económicos en los últimos 30 años, con cada vez más ajuste al gasto público, sumado al empobrecimiento de las capas medias y al avance sobre las conquistas obreras por parte de la burguesía, fue limando los soportes sanitarios que hace medio siglo eran equiparables a los europeos. Ahora, no es inofensivo el vuelco súbito de una decena de miles de millones de dólares al pago anticipado del saqueo fondo monetarista, que Kirchner presenta como pago de deuda externa argentina y no como financiamiento liso y llano del déficit militar imperialista. Quien crea que estos golpes imperialistas son inocuos para la salud – enfermedad, sobre todo de los sectores más precarios -niños y ancianos pobres- se equivoca.
En conjunto, el panorama que pinta el ajuste de la crisis hace innecesaria la comprobación estadística del inmenso daño que se le infiere al estado sanitario de la clase trabajadora y de las capas más pobres: 1) El superávit fiscal, que ahora es trasladado a las cuentas provinciales, ya no depende de las “imposiciones de nuestro ex-acreedor”. 2) El ajuste presupuestario en el PAMI, la obra social más grande en
Por lo tanto el correlato es: grandes masas obreras desocupadas y fungibles, que recurren al hospital público, con bajo costo de reproducción, o sea, salud y educación paupérrimas. El gobierno kirchnerista quiere hacer aparecer a la desocupación obrera como producto de la crisis capitalista que él se empeña en arreglar y no como un fenómeno estructural de la división internacional del trabajo en el capitalismo mundial, al que él y su partido adhirieron desde siempre.
Análisis del Gasto:
Obviamente el gasto en salud no sólo tiene que ver con el costo de la atención médica. Desde las campañas de difusión de medidas sanitarias preventivas, hasta la provisión de insumos hospitalarios, todo tiene un costo que es sistemáticamente orientado y retaceado desde el gobierno; donde los laboratorios productores y comercializadores de medicamentos y los productores y comercializadores de tecnología ligada a la salud humana, logran muy buena rentabilidad, sin que esto redunde en mejor salud.
En
Para 2001 Chile gastaba la mitad que Argentina en financiamiento del subsector público, sin embargo la mortalidad infantil era de 10 por mil en Chile, contra 16.3% aquí, con picos escandalosos en Formosa y Tucumán, al punto que
La concentración de tecnología en las zonas metropolitanas y, dentro de éstas, en el subsector privado, es coherente con el negocio que representa prestar servicios caros y numerosos. En Capital Federal hay un médico cada 95 habitantes, en Tierra del Fuego hay uno cada 962 pobladores. Esto muestra la absoluta anarquía y falta de previsión en la actividad sanitaria, cuando no la complicidad total con los monopolios por parte del gobierno.
El aumento de la desocupación produjo un vuelco importante de quienes tenían obras sociales o eran afiliados a sistemas de cobertura prepagas hacia el hospital público, con un verdadero colapso y expulsión indirecta de pacientes (turnos largos, mala atención, etc.); los más pobres son los que dejan de concurrir a los hospitales sabiendo que no podrán superar las nuevas penurias que les impone el costo de medicamentos, las largas colas (son poblaciones que viven lejos de los centros sanitarios), los costos de pasajes, los arancelamientos y otras situaciones similares. Contrariamente a las cifras oficiales, la mortalidad infantil en zonas donde viven los pobres ha crecido, al igual que la desnutrición y las distrofias en los niños. Se trata de poblaciones que ya no “miden” en las estadísticas oficiales. En 2001 la desnutrición se calculaba entre el 7 al 9 % con picos en Chaco y Tucumán; para entonces se admitió desde el gobierno que el 43% de la población menor de 18 años vivía en la indigencia. La desnutrición está siempre asociada a la pobreza extrema y al analfabetismo, con desarticulación o inexistencia de núcleos familiares, por lo que los planes de asistencia directa con comida, por mejor diseño y efectividad operativa que tengan, fracasan siempre, pues no modifican el entorno. Cuando se padece desde la edad gestacional y hasta los 5 años la desnutrición proteico – calórica se producen lesiones neurológicas irreversibles, trastornos esqueléticos, inmunológicos y daños hepáticos y renales, entre otras cosas.
Más allá que el oficialismo quiera hacer aparecer a los fenómenos salud – enfermedad como responsabilidades de conductas individuales, estimulando la desaparición de las más elementales conductas solidarias sociales, el sistema prestador médico deberá hacerse cargo al menos de la ficción de atender enfermedades. La propuesta del Banco Mundial, que comenzara a aplicar Menem y hoy es abrochada por el kirchnerismo, es el inexorable autofinanciamiento del sobreexigido subsector público de salud, por vía del arancelamiento. Esta realidad llegó para quedarse, a menos que la lucha popular les imponga un repliegue. Por lo demás, la burguesía tiene a su disposición un excedente de fuerza de trabajo acorde al consumo previsto para sus actividades productivas.
Algunos Datos:
La década del 90 desempolvó los manuales de Historia de
La tuberculosis, el Chagas, la lepra, la rabia, las enfermedades venéreas, el SIDA, las parasitosis, etc., son enfermedades infecciosas endémicas que avanzan, siempre relacionadas con el avance de la desnutrición y la tasa de mortalidad infantil. La prevalencia de tuberculosis muestra como novedad un crecimiento en la población infantil, con un incremento del 6% de
Otras enfermedades, que estaban prácticamente erradicadas como las valvulopatias cardíacas por fiebre reumática o las nefritis por infecciones cutáneas, vuelven a aparecer. Todas enfermedades evitables, o por lo menos tratables, van socavando a las capas más empobrecidas. Algunas tienen que ver con el mal uso de antibióticos o automedicación.
El hacinamiento en los conglomerados urbanos, sumado al sometimiento cultural – represivo y el permanente hostigamiento de los poderosos, produce un fermento propicio para que se desencadene una espiral ascendente de homicidios, suicidios, accidentes, violencia familiar, etc., siempre acompañado con drogadicción y alcoholización, y que incide fundamentalmente en la población joven y pobre. De manera que entre 1 y 64 años las muertes violentas se constituyen en la primera causa de Años de Vida Perdidos Potenciales (AVPP). Si restringimos el análisis a la mortalidad, pues en cuanto a la morbilidad (violación, abortos sépticos, embarazos no deseados en desnutridas u organismos muy jóvenes, lesiones invalidantes, secuelas sicológicas por agresión, etc.), la violencia es figura principal y el modelo médico para abordar esta problemática es el gran ausente.
“...Toda esta información es un producto híbrido entre lo que alcanzan a informar los sistemas oficiales de registro caducos y sin presupuestos y la empiria que día tras día acumulan los trabajadores de salud y que demuestra la barbarie del ajuste...”. A pesar de la rigurosa actualidad, la sentencia tiene más de 10 años, luego sólo hubo profundización del ajuste y nuevas crisis capitalistas. Están aún frescas en nuestra memoria las huelgas de los trabajadores de
El ajuste presupuestario, que impone el superávit fiscal y que es motivo de orgullo kirchnerista, hace cada vez menor la asignación de recursos para ciencia y técnica. Los análisis estadísticos en salud son esenciales en cuanto dan el diagnóstico de situación sanitaria de la población, y la orientación de las políticas sanitarias.
Evidentemente “poca tela para cortar” le va dejando al presidente el tema de la salud de “su pueblo”, con respecto a su retórica demagógica. Mientras, una suerte de holocausto silencioso va sembrando con sufrimientos y muertes innecesarias la realidad de la explotación y la pobreza en Argentina y Latinoamérica.
El único remedio para este crónico mal radica en la voluntad de los hombres por luchar para la construcción del socialismo.
Fuentes:
Gastos en Salud y Medicamentos. González García G. (1990)
Salud y Políticas de Ajuste – Revista “Salud – Problema y Debate” – H. Spinelli.
OPS. Organización Panamericana de
Estadísticas Oficiales. En dic. de 2002 los usuarios de prepagas cayeron a 2.6 millones de afiliados, ½ millón menos que en dic. de 2001. Al mismo tiempo el gasto para el subsector público cayó del 5.1% del P.B.I. en el 2001, al 4.4% en el 2002. La población sin cobertura aumentó del 37% en los 90 al 48.1% en 2002; si medimos sólo la población de
Estadísticas propias del Instituto de Tisioneumonología de