Todo el kirchnerismo salió a apoyar a EEUU y festejó el ascenso del nuevo presidente, Barack Obama, al que ya invitaron al país.
El Revolucionario Nº43 (Febrero de 2009)
“Cipayos, mediocres y oportunistas” es el calificativo que, según un diputado del mismo bloque oficialista, le corresponde a la comitiva de empresarios y políticos de alto nivel que expresaron su servilismo pronorteamericano yendo a la embajada de EEUU para festejar, junto a los enviados de ese país, la asunción del nuevo presidente Barack Obama. Los “cipayos”, que vieron la asunción en directo y por pantalla gigante desde la misma sede norteamericana, estaban encabezados por los kirchneristas José Pampuro (senador) y Daniel Cameron (secretario de energía), acompañados por el reciclado futuro candidato kirchnerista para la ciudad Jorge Telerman y por referentes de la oposición como Gabriela Michetti (PRO), Patricia Bullrich (Coalición Cívica) o López Murphy, entre otros.
El nuevo mandatario norteamericano es el representante del Partido Demócrata que viene alternándose en el gobierno con los republicanos desde hace más de un siglo y medio, impulsando invasiones, masacres, devastaciones, y sometiendo, bajo su dependencia económica, política y/o militar, a la enorme mayoría de los pueblos del mundo. Su partido ha gobernado durante casi toda la década del 90, impulsando la misma política guerrerista (incluyendo los bombardeos en Yugoslavia) y de sometimiento económico (con imposiciones de los organismos internacionales como el FMI, dolarización, cobro de deuda, etc.). Luego, durante la gestión de Bush, ha sido soporte de su política imperialista, defendiendo y votando medidas económicas y cada nueva intervención militar (como en Irak, Afganistán, Haití, etc.). Consecuentemente, el flamante Obama, quien ha conformado su gobierno incorporando a casi toda la antigua administración Clinton, ya ordenó duplicar las tropas yanquis en Afganistán, enviando otros 30.000 marines para recrudecer la invasión norteamericana y ya brindó un explícito apoyo a la invasión israelí a la Franja de Gaza. Sin embargo, la propaganda se orienta casi exclusivamente a cubrir la promesa de desmontar la cárcel de Guantánamo (a la que su propio partido ha sostenido durante décadas), la prometida y aún indefinida retirada de Irak.
Pero una vez más, ratificando su condición servil, el gobierno peronista, que supo brindar ante la reelección de Bush y festejar la candidatura de la ex primera dama Hillary Clinton, se enfervoreció ahora con la llegada del nuevo verdugo norteamericano. De hecho, contrariamente a lo que quisieron mostrar los medios más reaccionarios, la presidenta Fernández, durante su viaje a Cuba, se encargó bien de celebrar la llegada de Obama al poder haciendo suyas las palabras de Fidel Castro: “Es un hombre sincero, creo absolutamente en lo que está diciendo. Tiene muy buenas ideas, ojalá que las pueda llevar adelante”, contó Cristina que le dijo Fidel. Y agregó: “Tuvimos la misma percepción”.
Ésa fue la línea seguida por todo el gobierno. Así, luego de la celebración en la embajada, el representante Earl Wayne fue invitado a la Casa Rosada y recibido por el ministro del interior, Florencio Randazzo, quien tras el encuentro comentó: “muchas de las cosas que dijo Obama en su discurso son casi un dogma para nosotros”. Y poco tiempo después fue el ministro de justicia Aníbal Fernández quien se entrevistó con el embajador para que éste le marque nuevamente la agenda represiva centrada en la “lucha contra el terrorismo”, aunque bajo el mandato de Obama.
La línea se repitió de lado a lado del gobierno. De hecho, el mismo diputado oficialista Edgardo Depetri (quien denunciaba el carácter cipayo de sus compañeros de gobierno), se encargó de aclarar desde Cuba que, con Obama, “se abren interesantes expectativas para el mundo y en particular para la Argentina y América Latina”. Tanta es la afinidad gubernamental con la nueva gestión del imperialismo estadounidense, que, como lo publicó la prensa, “Cristina comparó a Obama con Kirchner”, contrastando el ascenso del estadounidense con la llegada a la presidencia argentina de aquel “joven desgarbado”. Sólo que el persistente ataque del jefe del PJ contra los trabajadores se magnifica en el caso de la primera potencia del mundo.
“Cipayos, mediocres y oportunistas” es el calificativo que, según un diputado del mismo bloque oficialista, le corresponde a la comitiva de empresarios y políticos de alto nivel que expresaron su servilismo pronorteamericano yendo a la embajada de EEUU para festejar, junto a los enviados de ese país, la asunción del nuevo presidente Barack Obama. Los “cipayos”, que vieron la asunción en directo y por pantalla gigante desde la misma sede norteamericana, estaban encabezados por los kirchneristas José Pampuro (senador) y Daniel Cameron (secretario de energía), acompañados por el reciclado futuro candidato kirchnerista para la ciudad Jorge Telerman y por referentes de la oposición como Gabriela Michetti (PRO), Patricia Bullrich (Coalición Cívica) o López Murphy, entre otros.
El nuevo mandatario norteamericano es el representante del Partido Demócrata que viene alternándose en el gobierno con los republicanos desde hace más de un siglo y medio, impulsando invasiones, masacres, devastaciones, y sometiendo, bajo su dependencia económica, política y/o militar, a la enorme mayoría de los pueblos del mundo. Su partido ha gobernado durante casi toda la década del 90, impulsando la misma política guerrerista (incluyendo los bombardeos en Yugoslavia) y de sometimiento económico (con imposiciones de los organismos internacionales como el FMI, dolarización, cobro de deuda, etc.). Luego, durante la gestión de Bush, ha sido soporte de su política imperialista, defendiendo y votando medidas económicas y cada nueva intervención militar (como en Irak, Afganistán, Haití, etc.). Consecuentemente, el flamante Obama, quien ha conformado su gobierno incorporando a casi toda la antigua administración Clinton, ya ordenó duplicar las tropas yanquis en Afganistán, enviando otros 30.000 marines para recrudecer la invasión norteamericana y ya brindó un explícito apoyo a la invasión israelí a la Franja de Gaza. Sin embargo, la propaganda se orienta casi exclusivamente a cubrir la promesa de desmontar la cárcel de Guantánamo (a la que su propio partido ha sostenido durante décadas), la prometida y aún indefinida retirada de Irak.
Pero una vez más, ratificando su condición servil, el gobierno peronista, que supo brindar ante la reelección de Bush y festejar la candidatura de la ex primera dama Hillary Clinton, se enfervoreció ahora con la llegada del nuevo verdugo norteamericano. De hecho, contrariamente a lo que quisieron mostrar los medios más reaccionarios, la presidenta Fernández, durante su viaje a Cuba, se encargó bien de celebrar la llegada de Obama al poder haciendo suyas las palabras de Fidel Castro: “Es un hombre sincero, creo absolutamente en lo que está diciendo. Tiene muy buenas ideas, ojalá que las pueda llevar adelante”, contó Cristina que le dijo Fidel. Y agregó: “Tuvimos la misma percepción”.
Ésa fue la línea seguida por todo el gobierno. Así, luego de la celebración en la embajada, el representante Earl Wayne fue invitado a la Casa Rosada y recibido por el ministro del interior, Florencio Randazzo, quien tras el encuentro comentó: “muchas de las cosas que dijo Obama en su discurso son casi un dogma para nosotros”. Y poco tiempo después fue el ministro de justicia Aníbal Fernández quien se entrevistó con el embajador para que éste le marque nuevamente la agenda represiva centrada en la “lucha contra el terrorismo”, aunque bajo el mandato de Obama.
La línea se repitió de lado a lado del gobierno. De hecho, el mismo diputado oficialista Edgardo Depetri (quien denunciaba el carácter cipayo de sus compañeros de gobierno), se encargó de aclarar desde Cuba que, con Obama, “se abren interesantes expectativas para el mundo y en particular para la Argentina y América Latina”. Tanta es la afinidad gubernamental con la nueva gestión del imperialismo estadounidense, que, como lo publicó la prensa, “Cristina comparó a Obama con Kirchner”, contrastando el ascenso del estadounidense con la llegada a la presidencia argentina de aquel “joven desgarbado”. Sólo que el persistente ataque del jefe del PJ contra los trabajadores se magnifica en el caso de la primera potencia del mundo.