El Revolucionario Nº43 (Febrero de 2009)
Juan Belén, un eterno segundón, es titular adjunto de la CGT y de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), además de titular de la regional Avellaneda, donde está desde el ’74. Gracias al ex ministro Fernández y al diputado Kunkel, Caló ganó la confianza de los Kirchner y colocó a su delfín en la central. Beneficiada con las políticas oficiales, la UOM agrandó su caja de 80.000 afiliados en 2001 a 270.000 al día de hoy. Por eso, “La UOM quiere participar activamente en el crecimiento del país, algo que le debemos a Néstor Kirchner y a la presidenta...”.
Inmediatamente se mostró progubernamental. Por caso, cuando la CGT retiró, a pedido kirchnerista, el reclamo de un plus a fin de año: “El planteo de la CGT nunca fue oficializado (...) y ahora a fin del año en curso han desaparecido los argumentos que nos hacían pensar en un pedido de compensación económica.”. También, propatronal: “Carajo, van cinco años de negociaciones y todavía le echan la culpa a los salarios.”, atacaba la tesis de que los salarios crean inflación, pero duró poco: “Por eso no queremos entrar en esa espiral y darles argumentos para justificar la inflación (...) A nivel de la CGT no estamos propugnando una reapertura. (...) No queremos solucionar un problema agregando otro a la sociedad.”. En suma, ejecutor del pacto social del gobierno, teme ante la posible organización obrera sin la tutela estatal y burocrática. Así, ante el fallo de la corte sobre la “libertad sindical”, sostuvo: es algo “fuera de todo sentido común, una cosa de locos.”. “Esta película, este mamarracho, ya lo vimos y les fue muy mal a los trabajadores...”. Y advirtió: “...al esquema sindical lo vamos a defender con uñas y dientes”.
La industria metalúrgica, una de las más favorecidas, está hoy a la cabeza de las suspensiones y despidos y ya se cargó a más de 10.000 obreros. Los empresarios “...aplican despidos sectoriales y gradualmente en pocos puestos, y no de golpe, para evitar focos de conflicto hacia el interior de los establecimientos.”, explicaba el rentista, quien, en teoría, es el responsable de evitarlo.
Juan Belén, un eterno segundón, es titular adjunto de la CGT y de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), además de titular de la regional Avellaneda, donde está desde el ’74. Gracias al ex ministro Fernández y al diputado Kunkel, Caló ganó la confianza de los Kirchner y colocó a su delfín en la central. Beneficiada con las políticas oficiales, la UOM agrandó su caja de 80.000 afiliados en 2001 a 270.000 al día de hoy. Por eso, “La UOM quiere participar activamente en el crecimiento del país, algo que le debemos a Néstor Kirchner y a la presidenta...”.
Inmediatamente se mostró progubernamental. Por caso, cuando la CGT retiró, a pedido kirchnerista, el reclamo de un plus a fin de año: “El planteo de la CGT nunca fue oficializado (...) y ahora a fin del año en curso han desaparecido los argumentos que nos hacían pensar en un pedido de compensación económica.”. También, propatronal: “Carajo, van cinco años de negociaciones y todavía le echan la culpa a los salarios.”, atacaba la tesis de que los salarios crean inflación, pero duró poco: “Por eso no queremos entrar en esa espiral y darles argumentos para justificar la inflación (...) A nivel de la CGT no estamos propugnando una reapertura. (...) No queremos solucionar un problema agregando otro a la sociedad.”. En suma, ejecutor del pacto social del gobierno, teme ante la posible organización obrera sin la tutela estatal y burocrática. Así, ante el fallo de la corte sobre la “libertad sindical”, sostuvo: es algo “fuera de todo sentido común, una cosa de locos.”. “Esta película, este mamarracho, ya lo vimos y les fue muy mal a los trabajadores...”. Y advirtió: “...al esquema sindical lo vamos a defender con uñas y dientes”.
La industria metalúrgica, una de las más favorecidas, está hoy a la cabeza de las suspensiones y despidos y ya se cargó a más de 10.000 obreros. Los empresarios “...aplican despidos sectoriales y gradualmente en pocos puestos, y no de golpe, para evitar focos de conflicto hacia el interior de los establecimientos.”, explicaba el rentista, quien, en teoría, es el responsable de evitarlo.