IRAK: EL PROBLEMA SIN RESOLVER

El Revolucionario Nº27 (Agosto de 2007)

La guerra del petróleo que EEUU lleva adelante en Irak, masacrando a la población y devastando un país entero, no logra resolver todas las necesidades energéticas del imperio, ni alcanzar los objetivos políticos, militares y económicos de la invasión, gracias a la acción armada de la resistencia, a la que se suma el resurgimiento de la lucha de los trabajadores petroleros.

La guerra del petróleo
Ya ha sido ampliamente demostrado que las razones que impulsaron a EEUU a invadir y ocupar Irak poco tienen que ver con la lucha contra el “terrorismo”, contra las armas de destrucción masiva, por la democracia, por la libertad y demás argumentos mentirosos esgrimidos desde la Casa Blanca y el Pentágono. Sus móviles reales son económicos y vinculados, fundamentalmente, con la necesidad de explotar las riquezas petrolíferas del país.
EEUU, para sostener su parque industrial, sus transportes, su parque automotor y el derroche de energía que caracteriza “el modo de vida americano”, necesita importar la mitad del combustible que consume. Por su parte, las reservas probadas y potenciales de petróleo en Irak son las segundas más grandes del mundo. Sólo con la plena explotación del petróleo iraquí, EEUU cubriría sus necesidades de importación del oro negro durante… un siglo. Así, ir a la guerra contra Irak era inevitable para el gendarme mundial.
Esta misma razón, este mismo problema, es el que explica por qué países como Rusia, Francia o China, miembros del consejo de seguridad de la ONU , se opusieron a la invasión y no enviaron sus tropas. No ha sido por una posición humanitaria ni nada similar, sino por fríos intereses económicos. Es que fueron las empresas de aquellos países quienes firmaron millonarios acuerdos de explotación petrolera con el Irak de Hussein.(1) El objetivo es claro: lograr que Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Amorco, Arco y otras empresas petroleras norteamericanas se hagan con todo el negocio, aunque es probable que aún deban evaluar la concesión de algún que otro pozo o algún negociado a sus socias invasoras como la inglesa British Petroleoum o la anglo-holandesa Shell, no así a la española y retirada Repsol-YPF.
El problema de quién y cómo explota el petróleo es el principal y el decisivo para el conflicto. Los intentos norteamericanos por monopolizar estas riquezas provienen desde todos los flancos. Comenzando por la invasión militar y yendo desde la designación de funcionarios colaboracionistas, pasando por el refuerzo de las tropas y el envío de más efectivos, hasta el proyecto de “ley del petróleo”.
En enero último, Bush reforzó las tropas en Irak enviando más militares.(2) Recientemente, el comando militar de EEUU en aquel país diseñó el “Plan de campaña conjunta” contemplando la permanencia, durante al menos dos años más, de los 160.000 milicos yanquis para “restaurar” la seguridad en Bagdad y en todo el país. Señal de que ni la capital del país, ni la archicustodiada zona verde, están plenamente controladas por las fuerzas invasoras
Pero a la intervención bélica y a la apropiación por la fuerza se suma la intervención legislativa, “legal” dirían ellos. Una nueva ley de petróleo, diseñada directamente por la embajada yanqui, permitiría que capitales extranjeros, léase estadounidenses, construyan y exploten plantas de extracción y refinerías por 20 años y comercializar libremente el petróleo de ese país. Concretamente, y según el colaboracionista ministro del petróleo iraquí, 65 de los 80 campos conocidos sin explotar.
La avanzada imperialista continúa. A la invasión y ocupación militar, sigue ahora el proyecto de “ley del petróleo” que, como explica el presidente de la Federación Iraquí del Sindicato del Petróleo, “…no está al servicio del pueblo iraquí (…) está al servicio de Bush, de los que le apoyan y de las empresas extranjeras, a costa del pueblo iraquí”.(3)
Pero a la guerra del petróleo, se opone infranqueablemente la guerra del pueblo.

La guerra del pueblo
Todos los planes yanquis tropiezan una y otra vez con la resistencia de un pueblo que no se resigna a arrodillarse a los pies del invasor. El mismísimo Bush ha debido hacer públicas las palabras del general David Petraeus, al mando de la fuerza multinacional en Irak: “El general Petraeus dice que el ambiente en Iraq es el más difícil que ha visto en más de 32 años de servicio.”(4) reconoció el presidente yanqui.
Es que desde el comienzo de la guerra, la resistencia armada ha eliminado a casi 4.000 soldados invasores(5), a lo que deben sumarse las bajas de los milicos locales y las de los mercenarios, eufemísticamente llamados “contratistas” y que engrosan las cifras de “civiles muertos”. Y, a pesar de los esfuerzos y refuerzos del imperialismo, la acción resistente, lejos de aplacarse, se incrementa. Prueba de ello es que el propio Bush ha debido reconocer que el último trimestre ha sido el más mortal para las tropas ocupantes.(6)
Pero la cotidianidad de los sabotajes a gasoductos, torres y campos de petróleo es la preocupación más grande de los intereses norteamericanos en el país. Este método de lucha ya ha ocasionado considerables reveses para la ocupación imperialista, ya que la actual explotación petrolífera en Irak se encuentra en su nivel más bajo: se redujo a menos de la mitad de la que se realizaba antes de la invasión. Cuestión que pone en debate la táctica militar a seguir entre republicanos y demócratas, pero con un único objetivo que no es otro que usurpar los recursos iraquíes.
A esto se suman las huelgas que, a pesar de las condiciones de militarización extrema, logran desarrollar los trabajadores del petróleo. Huelgas motivadas por reclamos económicos elementales como salario y vacaciones, pero también contra la privatización del petróleo iraquí. Los trabajadores petroleros, agrupados en la Federación Iraquí de Sindicatos del Petróleo, la organización sindical más grande del país, han llevado adelante medidas de fuerza que pusieron al borde de la paralización total a la economía de Irak. Otra preocupación vital de los empresarios del petróleo.
No hay vueltas que darle. La guerra imperialista del petróleo es contrarrestada con la guerra del pueblo. Toda la resistencia iraquí, con la lucha armada como protagonista central, deja en claro nuevamente que no hay fuerza militar imperial, ni ejército más poderoso del mundo, que pueda doblegar a un pueblo decidido a resistir y enfrentar al enemigo hasta el último aliento.

NOTAS
1) Estas empresas son Lukoil (Rusa), Total-Fine-Elf (francesa) y China National Oil Company (china).
2) En aquella oportunidad, el gobierno de EEUU envió 21000 soldados, pero prevé movilizar unos 28500 más durante este año.
3) Carta de Hasan Juma Awad, presidente de la Federación Iraquí de Sindicatos del Petróleo, dirigida al congreso de EEUU. 13 de mayo de 2007.
4) Discurso de Bush del 19 de marzo de 2007, con motivo del cuarto aniversario de la “Operación libertad de Irak”.
5) Entre los soldados de ocupación muertos se destacan 3.631 estadounidenses y 162 ingleses. (Cifras oficiales al 20 de julio de 2007)
6) También según cifras oficiales, 331 fueron los soldados invasores caídos en este período.