EL SUPERÁVIT, ANTE TODO

El gobierno ha garantizado el superávit, instrumentando las políticas fiscales necesarias para ello. Siempre, con el objetivo prioritario de pagar la deuda externa.
El Revolucionario Nº36 (Junio de 2008)



El gobierno de los Kirchner ha presentado al superávit fiscal como una de sus mayores virtudes en materia económica, mostrándose como un eficiente administrador en relación a sus antecesores, Menem y De la Rua.
Es cierto que la gestión kirchnerista se caracteriza por sostener un elevado superávit primario (la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos antes de pagar los intereses de la deuda) y financiero (lo que queda después de dichos pagos). Como también es cierto que todos sus antecesores (con excepción de Menem, en algunos períodos) manejaron una economía deficitaria a tal punto que se proponían realizar el slogan “déficit cero” propagandizado por Domingo Cavallo, que tanta polémica generó por aquellos años por ser considerado como un plan ajustador y “de derecha”.
Los números están sobre la mesa. Desde 2003 hasta la fecha, el gobierno nacional cumplió y superó ampliamente aquella meta cavallista1. Según el ministerio de economía, el superávit fiscal primario del primer trimestre de 2008 fue de 8.844 millones de pesos. Por su parte, el resultado financiero fue de $4.818 millones. Estas cifras representan un importante incremento con respecto al mismo período del año anterior y fueron arrojadas a pesar de que los ingresos por retenciones a las exportaciones descendieron como consecuencia del paro patronal. Para 2008 se estima un superávit primario y financiero del 3,5% y el 1,5% del PBI, respectivamente.
Contradiciendo todo lo que afirman el gobierno y sus seguidores y propagandistas, todos estos miles de millones de pesos tuvieron un fin bien preciso y fuera de toda discusión: pagar la deuda externa. Una deuda que no debe pagar, bajo ninguna excusa posible, un país que tiene a más de la mitad de su población viviendo en la pobreza y a una tercera parte, en la indigencia; que tiene la educación y la salud pública subsistiendo a duras penas; y que tiene niños, hombres y mujeres muriendo de hambre y frío. Pero este gobierno no sólo paga esta deuda, sino que también hace de ello una de sus principales virtudes.
La política de un superávit fiscal como porcentaje del PBI es un viejo reclamo del FMI que Kirchner vino a satisfacer amparado en una situación internacional favorable e implementando los necesarios ajustes sobre el pueblo para lograrlo. Todo esto, no hay que olvidar, en medio de un escenario de supuesto enfrentamiento con el organismo internacional. Así vimos promulgar la ley de responsabilidad fiscal y coparticipación federal, la legislación fundamental para concentrar los recursos de todo el país en el gobierno nacional y mantener congelado el gasto público. También vimos caer, año tras año, los presupuestos reales de áreas como salud, educación y asistencia social, al tiempo que los impuestos que recaen con mayor virulencia sobre los trabajadores, como el IVA, llenan las arcas fiscales ayudados por la inflación. El endeudamiento a través de la emisión de bonos con altísimas tasas de interés que compra Venezuela y el manejo de los fondos de las AFJP, entre otras maniobras, también apuntan a no desinflar las cuentas oficiales. Por estos días vemos nítidamente la discusión entre el gobierno y “el campo” por unos cuantos millones de pesos, también para sostener ese superávit.
Toda la política fiscal kirchnerista se desarrolló con claridad, desde sus primeros días y siempre, con el mismo norte: obtener y sostener un elevado superávit a cualquier precio para pagar la deuda. Independientemente de los vaivenes que pueda tener, el único plan económico gubernamental es éste.
La propaganda oficial explica de mil modos distintos que, como las cuentas del país lanzan saldos positivos, la economía marcha bien. A continuación, y como si fuera por simple ósmosis, dicen que “a todos los argentinos les va bien, porque al país le va bien”.
Pero las generalizaciones en toda sociedad dividida en clases sociales son falsas. La realidad de todos los días nos muestra que no a todos los argentinos les va bien. El bienestar y el progreso pasan muy lejos de la vida de los trabajadores y es justamente por esto que los que disfrutan la bonanza kirchnerista son otros.

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NOTAS:
1) Según el ministerio de economía, en 2003, el superávit primario fue del 3,2% del PBI, mientras el financiero, de 2,9%. En 2004, las cifras dan cuenta de un 5,3% para el primario y de un 3,7% para el financiero. En 2005, 4,4% fue el primario y 2,1%, el financiero. 2006 mostró un 3,9% del primario y un 2% del financiero. El año pasado fue de 3,2%.