El Revolucionario Nº35 (Mayo de 2008)
La plana mayor del gobierno estuvo reunida con funcionarios norteamericanos y europeos. Se profundiza la dependencia del país.
El gobierno nacional lleva adelante la llamada política de “desendeudamiento”, que tuvo como momento de auge el recordado pago, en efectivo y por adelantado, de casi 10.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.
Los argumentos oficiales señalan que Argentina, al no tener deudas, no queda sujeta a las supervisiones e injerencias de organismos de crédito como el FMI. Con semejantes afirmaciones, adornadas con palabras como libertad, independencia o soberanía, han transformado la consigna de “no pago de la deuda externa”, levantada tiempo atrás por algunos de sus actuales cómplices como la AMPM, en su exacto contrario: “pagar nos hace libres”.
Con esta política, el gobierno ha garantizado pagar y seguir pagando, en nombre del pueblo y de la independencia nacional, una deuda que no es del pueblo, mucho menos de la clase obrera. Esto significa, en concreto, la sistemática ejecución de políticas de ajuste y que millones de dólares salgan del país y no contribuyan, ni siquiera, a la mejora de áreas como la salud, la educación o la vivienda de las franjas más castigadas de la clase trabajadora.
Como si esto fuera poco, ya que es la clase obrera la que se hace cargo de los gastos, a este atropello se suma que la supuesta “independencia” adquirida por pagar y mostrarse orgulloso de ello, existe sólo en el mundo de las declaraciones oficialistas.
El gobierno argentino, a pesar de la no formalidad de las auditorias del Fondo, mantiene intactos los acuerdos con este organismo, como el superávit fiscal equivalente al 3% del PBI, y más también, o la ley de responsabilidad fiscal o los aumentos tarifarios. Además, ha intervenido en favor de su actual jefe, Dominique Strauss Kahn, por expreso pedido norteamericano. Por supuesto que nunca se ha planteado pensar en dejar de pertenecer a dicha institución, ni siquiera cuando decía que el Fondo era el origen de todos los males.
Pero el gobierno va más lejos ahora y admite que estaría dispuesto a recibir formalmente auditorías de organismos internacionales. Aunque aclara que solamente en los aspectos de la política económica que puedan interesarle a los acreedores y explica que se refiere a, nada más y nada menos, que a “la evolución del superávit fiscal, del superávit comercial y del monto de las reservas”. Sin perder la compostura, hasta ha propuesto ser auditado, léase controlado, por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismos dependientes, también, del imperialismo.
De este modo, y sobre la base de un disciplinado cumplimiento de todas y cada una de las directivas del FMI, es decir del imperialismo norteamericano, el gobierno de los Kirchner se ha caracterizado por ser un excelente pagador de deuda. Por estos días han cobrado un nuevo protagonismo las gestiones gubernamentales para poder pagarle al Club de París una deuda de casi u$s6.000 millones en efectivo, tal y como proponen EEUU y el director del Fondo.
Así las cosas. Por un lado, el ex ministro de economía, Lousteau, en la asamblea del FMI y el BM, reuniéndose en privado con el secretario del tesoro de EEUU, Henry Paulson, quien lo “alentó a normalizar la deuda” y con el gerente del FMI, Strauss Kahn, quien explicó que “lo importante para la Argentina es que se avance con el Club”. Por otro, la presidenta Cristina Fernández recibiendo al subsecretario de estado para asuntos del hemisferio occidental, Tom Shannon, quien destacó que “la relación entre la Argentina y los Estados Unidos es excelente”.
Es claro, el gobierno kirchnerista, gente de negocios bien entendida, pagando, cumpliendo las órdenes y predisponiéndose a ser controlado formalmente, sigue mostrándose obediente y servil ante el amo imperial.
LA DEUDA CRECE
Bajo el gobierno de Kirchner presenciamos el canje de la deuda externa con la propagandizada “quita”, o “la negociación más exitosa de la historia”, como fue bautizada por el oficialismo. También asistimos a la cancelación de la deuda con el FMI, al escandaloso pago, anticipado y en efectivo, de 9.810 millones de dólares. Todo esto, como parte de la política de “desendeudarnos para ser libres”, impulsada por el peronismo dirigido por Kirchner. Pero a pesar de los pagos y la “quita”, la deuda crece.
La deuda externa argentina, que nadie sabe exactamente a cuánto asciende, actualmente se estima en más de u$s180.000 millones1. Cifra que fue incrementando gobierno tras gobierno. Tendencia que, por supuesto, no ha revertido la administración kirchnerista. (Ver gráfico)
El pago de la deuda, además de la sangría de pesos que representa, es un eficaz mecanismo de sometimiento. Así, toda la política económica del gobierno que “honra” la deuda se basa en instrumentar las medidas necesarias para cancelar vencimientos: sostener el superávit fiscal a cualquier precio, por ejemplo.
Este año, el gobierno de Cristina Fernández deberá pagar unos u$s15.000 millones, sin tener en cuenta el acuerdo al que se llegue con el Club de Paris. Esta sola cifra duplica lo asignado en el presupuesto 2008 en concepto de “servicio de la deuda pública”y es ostentosamente mayor a las partidas de educación, salud, promoción y asistencia social y vivienda y urbanismo.2
Con estos compromisos por delante, por un lado incrementarán el endeudamiento emitiendo nuevos bonos de deuda para financiarse, como los casi $1.000 millones que ya lanzó al mercado Lousteau antes de irse. Por otro lado, acrecentarán el superávit fiscal a como dé lugar. Éstos son los próximos pasos del gobierno para garantizar el infame e incancelable pago de la deuda.
Como vimos, pagar no nos hace libres. Tampoco nos desendeuda.
…
NOTAS
1) Esta cifra resulta de sumar u$s137.144 millones reconocidos por el ministerio de economía en diciembre de 2007; más los u$s28.093 millones que no entraron en el canje y hoy están en default; y unos u$s20.000 de la llamada “deuda implícita”, es decir aquella que se estima por la repercusión del CER y el PBI sobre la deuda indexada. A todo esto habría que sumarle el incremento que se da por la apreciación de las otras monedas en que es contraída la deuda, como el euro o el yen, además de las deudas provinciales.
2) Según el presupuesto 2008, 19.209 millones de pesos son para el pago de la deuda; $11.290 millones, para educación; $6.195 millones, para salud; $4.045 millones, para promoción y asistencia social; y $3.108 millones, para vivienda y urbanismo.
La plana mayor del gobierno estuvo reunida con funcionarios norteamericanos y europeos. Se profundiza la dependencia del país.
El gobierno nacional lleva adelante la llamada política de “desendeudamiento”, que tuvo como momento de auge el recordado pago, en efectivo y por adelantado, de casi 10.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.
Los argumentos oficiales señalan que Argentina, al no tener deudas, no queda sujeta a las supervisiones e injerencias de organismos de crédito como el FMI. Con semejantes afirmaciones, adornadas con palabras como libertad, independencia o soberanía, han transformado la consigna de “no pago de la deuda externa”, levantada tiempo atrás por algunos de sus actuales cómplices como la AMPM, en su exacto contrario: “pagar nos hace libres”.
Con esta política, el gobierno ha garantizado pagar y seguir pagando, en nombre del pueblo y de la independencia nacional, una deuda que no es del pueblo, mucho menos de la clase obrera. Esto significa, en concreto, la sistemática ejecución de políticas de ajuste y que millones de dólares salgan del país y no contribuyan, ni siquiera, a la mejora de áreas como la salud, la educación o la vivienda de las franjas más castigadas de la clase trabajadora.
Como si esto fuera poco, ya que es la clase obrera la que se hace cargo de los gastos, a este atropello se suma que la supuesta “independencia” adquirida por pagar y mostrarse orgulloso de ello, existe sólo en el mundo de las declaraciones oficialistas.
El gobierno argentino, a pesar de la no formalidad de las auditorias del Fondo, mantiene intactos los acuerdos con este organismo, como el superávit fiscal equivalente al 3% del PBI, y más también, o la ley de responsabilidad fiscal o los aumentos tarifarios. Además, ha intervenido en favor de su actual jefe, Dominique Strauss Kahn, por expreso pedido norteamericano. Por supuesto que nunca se ha planteado pensar en dejar de pertenecer a dicha institución, ni siquiera cuando decía que el Fondo era el origen de todos los males.
Pero el gobierno va más lejos ahora y admite que estaría dispuesto a recibir formalmente auditorías de organismos internacionales. Aunque aclara que solamente en los aspectos de la política económica que puedan interesarle a los acreedores y explica que se refiere a, nada más y nada menos, que a “la evolución del superávit fiscal, del superávit comercial y del monto de las reservas”. Sin perder la compostura, hasta ha propuesto ser auditado, léase controlado, por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismos dependientes, también, del imperialismo.
De este modo, y sobre la base de un disciplinado cumplimiento de todas y cada una de las directivas del FMI, es decir del imperialismo norteamericano, el gobierno de los Kirchner se ha caracterizado por ser un excelente pagador de deuda. Por estos días han cobrado un nuevo protagonismo las gestiones gubernamentales para poder pagarle al Club de París una deuda de casi u$s6.000 millones en efectivo, tal y como proponen EEUU y el director del Fondo.
Así las cosas. Por un lado, el ex ministro de economía, Lousteau, en la asamblea del FMI y el BM, reuniéndose en privado con el secretario del tesoro de EEUU, Henry Paulson, quien lo “alentó a normalizar la deuda” y con el gerente del FMI, Strauss Kahn, quien explicó que “lo importante para la Argentina es que se avance con el Club”. Por otro, la presidenta Cristina Fernández recibiendo al subsecretario de estado para asuntos del hemisferio occidental, Tom Shannon, quien destacó que “la relación entre la Argentina y los Estados Unidos es excelente”.
Es claro, el gobierno kirchnerista, gente de negocios bien entendida, pagando, cumpliendo las órdenes y predisponiéndose a ser controlado formalmente, sigue mostrándose obediente y servil ante el amo imperial.
LA DEUDA CRECE
Bajo el gobierno de Kirchner presenciamos el canje de la deuda externa con la propagandizada “quita”, o “la negociación más exitosa de la historia”, como fue bautizada por el oficialismo. También asistimos a la cancelación de la deuda con el FMI, al escandaloso pago, anticipado y en efectivo, de 9.810 millones de dólares. Todo esto, como parte de la política de “desendeudarnos para ser libres”, impulsada por el peronismo dirigido por Kirchner. Pero a pesar de los pagos y la “quita”, la deuda crece.
La deuda externa argentina, que nadie sabe exactamente a cuánto asciende, actualmente se estima en más de u$s180.000 millones1. Cifra que fue incrementando gobierno tras gobierno. Tendencia que, por supuesto, no ha revertido la administración kirchnerista. (Ver gráfico)
El pago de la deuda, además de la sangría de pesos que representa, es un eficaz mecanismo de sometimiento. Así, toda la política económica del gobierno que “honra” la deuda se basa en instrumentar las medidas necesarias para cancelar vencimientos: sostener el superávit fiscal a cualquier precio, por ejemplo.
Este año, el gobierno de Cristina Fernández deberá pagar unos u$s15.000 millones, sin tener en cuenta el acuerdo al que se llegue con el Club de Paris. Esta sola cifra duplica lo asignado en el presupuesto 2008 en concepto de “servicio de la deuda pública”y es ostentosamente mayor a las partidas de educación, salud, promoción y asistencia social y vivienda y urbanismo.2
Con estos compromisos por delante, por un lado incrementarán el endeudamiento emitiendo nuevos bonos de deuda para financiarse, como los casi $1.000 millones que ya lanzó al mercado Lousteau antes de irse. Por otro lado, acrecentarán el superávit fiscal a como dé lugar. Éstos son los próximos pasos del gobierno para garantizar el infame e incancelable pago de la deuda.
Como vimos, pagar no nos hace libres. Tampoco nos desendeuda.
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NOTAS
1) Esta cifra resulta de sumar u$s137.144 millones reconocidos por el ministerio de economía en diciembre de 2007; más los u$s28.093 millones que no entraron en el canje y hoy están en default; y unos u$s20.000 de la llamada “deuda implícita”, es decir aquella que se estima por la repercusión del CER y el PBI sobre la deuda indexada. A todo esto habría que sumarle el incremento que se da por la apreciación de las otras monedas en que es contraída la deuda, como el euro o el yen, además de las deudas provinciales.
2) Según el presupuesto 2008, 19.209 millones de pesos son para el pago de la deuda; $11.290 millones, para educación; $6.195 millones, para salud; $4.045 millones, para promoción y asistencia social; y $3.108 millones, para vivienda y urbanismo.