EL “DEBATE” SOBRE LAS ESTATIZACIONES: AYER PRIVATIZADORES, HOY ESTATIZADORES.

El Revolucionario Nº48 (Julio de 2009)

Las discusiones en torno a las estatizaciones son una muestra más de que no existen diferencias ideológicas o estratégicas, más allá de los distintos intereses circunstanciales, entre quienes tienen como única verdad la oportunidad.
Uno de los pocos “debates” de campaña mediante el cual el gobierno y la oposición intentaron en vano diferenciarse fue el de las estatizaciones.
Dicen que desde el kirchnerismo celebraron al escuchar las declaraciones de Macri sobre la necesidad de que Aerolíneas y el sistema jubilatorio volvieran a manos de capitales privados. Se abría para el gobierno la posibilidad de insistir con uno de sus discursos favoritos: la demonización de los ’90 y la identificación de la oposición con el pasado menemista. Sin embargo, en una muestra más del poco valor que tienen las palabras de todos estos empresarios del PJ, el aliado de Macri, el multimillonario De Narváez, salió a retrucar al kirchnerismo afirmando pocos días después que todos los servicios públicos deberían estar en manos del estado, convocando directamente a la estatización de las empresas distribuidoras de gas, luz y combustible.
La realidad es que no existe debate alguno. Muchos de los que hoy critican desde el kirchnerismo o desde espacios de la oposición las privatizaciones de los noventa fueron activos impulsores de toda la política de vaciamiento y entrega de las empresas estatales por parte del gobierno del PJ en manos, por ese entonces, de Carlos Menem. No son pocos los fervientes kirchneristas que votaron, por ejemplo, la privatización del sistema jubilatorio. Allí estuvieron, entre otros, el secretario general de la presidencia Oscar Parrilli, el caudillo bonaerense Alberto Balestrini, la suegra del jefe de gabinete Sergio Massa, José Luis Gioja y Eduardo Fellner. También participó la hoy referente de la Coalición Cívica , Patricia Bullrich. Junto con todos ellos, y a personajes como Corach, Ruckauf o Alsogaray, festejaron las privatizaciones, por supuesto, todos los diputados santacruceños al mando del entonces gobernador Néstor Kirchner.
Asimismo, las estatizaciones de las cuales se jacta el kirchnerismo, lejos de contribuir con el desarrollo de la economía o la soberanía nacional o de repercutir en mejoras en la vida de los trabajadores y el pueblo, son la nueva oportunidad de negocios para la parte del PJ que hoy gobierna.
La estatización de las AFJP, tan festejada por el progresismo de Solanas y Lozano, permitió la transferencia de 97.000 millones de pesos a la caja estatal, sumado a un ingreso anual garantizado de $15.000 millones. Hoy, desde la ANSeS , mediante el vaciamiento de la caja jubilatoria, los fondos son manejados a discreción para el pago de la deuda y el favorecimiento de los negociados propios o de empresarios amigos(1).
Poco tiene de soberano o popular la estatización de Aerolíneas Argentinas, que no fue otra cosa que la compra de una empresa quebrada, haciendo cargo al estado de una deuda de u$s900 millones de dólares generada por la vaciadora española Marsans.
Otros casos anunciados con bombos y platillos como estatizaciones en defensa de la producción nacional, ni siquiera llegan a esto. Es el caso de la Papelera Massuh (rebautizada por el momento Papelera Quilmes), donde el gobierno se hará cargo de la administración de la empresa a través de un fideicomiso hasta el año 2011, garantizando el pago de un canon en calidad de alquiler al empresario Héctor Massuh, responsable del desguace de la empresa.
No existe, pues, por más que se esfuercen en fingirlo, ningún debate sobre las estatizaciones, así como no se debaten tampoco al interior del PJ o con los distintos rejuntes de la oposición, dos modelos de país. Ya sean los mismos o renovados actores, se ubican de un lado y del otro, según dónde esté la oportunidad.
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NOTAS:
1) Ver “El papel del estado frente a la crisis”, en este número.