ERNESTO CHE GUEVARA, SU EJEMPLO


El Revolucionario edición especial por el 40 aniversario de la caída en combate del Comandante Che Guevara (Octubre de 2007)

Se cumplen 40 años de la caída en combate de Ernesto “Che” Guevara. Cayó en el cumplimiento de una gran tarea: el desarrollo de la Revolución Socialista en Latinoamérica.
Para quienes tomamos el camino revolucionario, la figura del Che representa el máximo ejemplo de humanidad, solidaridad, inteligencia, valentía, moral, entrega, honestidad...; cualidades de las que no puede prescindir ningún militante de la revolución.
El Che es el ejemplo de que un revolucionario se construye tomando como principio la lucha por la liberación de la humanidad, que no es otro que la lucha por el triunfo de la Revolución Socialista.
En momentos como los que hoy se viven, de tanta claudicación y de manipulación de la figura de Guevara, aferrarnos a su ejemplo sigue siendo un motor para la formación de todo revolucionario.
Porque no hay ninguna razón por la que no deban tomarse las banderas de la Revolución: los trabajadores siguen siendo explotados, incluso bajo mecanismos perfeccionados que permiten que esta explotación se profundice más y más; la burguesía sigue castigando con el hambre, la miseria y la muerte a millones de trabajadores...
El Che, como comandante, se formó en la lucha. Él ya contaba con una gran fuerza de voluntad y sensibilidad que lo llevaron a acercarse al proyecto revolucionario y así fue parte de los primeros “expedicionarios” del Granma.
Primero como médico, pues era su función dentro de la tropa ya que era lo que sabía hacer. Pero muy pronto, las ansias por el triunfo de la Revolución guiaron su acción combatiente y lo empujaron a ganarse su puesto de Comandante, merecido por el cumplimiento siempre de su deber.
Ser Comandante de una columna del Ejército Rebelde implicaba, además de una gran responsabilidad, hacer un enorme esfuerzo revolucionario. La mayor tarea fue aprender a dirigir una columna que se disponía a pelear con la convicción de que la Revolución cambiaría la vida de los cubanos. Por lo demás, la guerrilla casi no tenía armas, ni ropa y la comida escaseaba; pero sus hombres contaban con la moral de revolucionarios que el Che, su Comandante, se ocupó de fortalecer en todo momento.
En medio de la guerra revolucionaria, Guevara fue poniendo a prueba un gran sentido de decisión y entrega a la causa, demostrando su disposición a entregar hasta su propia vida por el triunfo de la revolución.
Ni bien desembarcaron del yate Granma, a fines de 1956, ya padecieron la superioridad del poder de fuego enemigo. Del grupo de 82 hombres sólo quedaron doce con siete fusiles.
Fue sólo la certeza de que combatiendo hasta el final harían la revolución, el único interés para el Che quien relatando sus primeros días en la sierra recordaba: "No sé en qué momento ni cómo sucedieron las cosas; los recuerdos ya son borrosos. Me acuerdo que en medio del tiroteo, Almeida vino a mi lado para preguntarme las órdenes que había, paro ya no había nadie allí para darlas. Según me enteré después, Fidel trató en vano de agrupar a la gente en el cañaveral cercano, al que había que llegar cruzando la guardarraya solamente. La sorpresa había sido demasiado grande, las balas demasiado nutridas. Almeida volvió a hacerse cargo del grupo, en ese momento un compañero dejó una caja de balas casi a mis pies, se lo indiqué y el hombre me contestó con cara que recuerdo perfectamente, por la angustia que reflejaba, algo así como “no es hora para caja de balas”, e inmediatamente siguió el camino del cañaveral.
Quizás esa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía adelante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos era mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas.”
Estos fueron los primeros momentos del Che en combate, los más duros, donde a los combatientes del ejército los atacaban las balas, el hambre, el asma (en su caso), la desesperación y la permanente tentación, de muchos, a la deserción.
A pesar de las duras condiciones en que el Ejército Rebelde tuvo que llevar adelante el combate en Sierra Maestra, Ernesto Guevara logró el reclutamiento de varios campesinos para la guerrilla. Famoso por su parquedad y dureza se ganó el respeto, la confianza y el cariño de muchos guajiros que, ante las pésimas condiciones en las que vivían y el ejemplo de los guerrilleros, se sumaron como combatientes. Decía el Che cuando habían quedado retrasados cuidando los heridos: “Era muy difícil mantener la moral de la tropa, sin armas, sin el contacto directo con el jefe de la revolución, caminando prácticamente a tientas, sin ninguna experiencia…”. Más tarde, en el reencuentro con la columna madre, el Che presentó al grupo con el que se logró hacer en el camino. Un guajiro describió que “Lo que venía con él era una tropa de descamisados. Unos con una escopeta, unos con un machete, con un cubo, con una lata”.
Esta muestra de valentía, de capacidad de mando al quedar aislado con los heridos, su empecinamiento y rigor ante situaciones difíciles son los que hicieron que el Che ganara su lugar como Comandante dentro del Ejército Rebelde.
La moral de combatiente revolucionario fue una de las mejores armas con las que el Comandante contó para educar a su columna. Ejemplos de esta moral son estos pasajes que relatara el Che: “Al tomar el primer camión encontramos dos muertos (soldados de Batista), un herido que todavía hacía gestos de pelea en su agonía, fue rematado sin darle oportunidad de rendirse, lo que no podía hacer pues estaba semiinconsciente. Este acto vandálico lo realizo un combatiente cuya familia había sido aniquilada por el ejército batistiano. Le recriminé violentamente esa acción sin darme cuenta que me estaba oyendo otro soldado herido que se había tapado con unas mantas y había quedado, quieto, en la cama del camión. Al oír eso y las disculpas que daba el combatiente nuestro, el soldado enemigo avisó de su presencia pidiendo que no lo mataran… Como cuenta uno de sus biográfos, Paco Ignacio Taibo, “En entrenamiento y marchas se van los días, interrumpida la rutina por la captura de un desertor apellidado Cuervo, que había estado expoliando a campesinos de la zona y había participado en una violación. El hombre, al llegar al campamento, trato de darle la mano al Che y éste le contestó secamente que lo había mandado a llamar para fusilarlo, no para saludarlo."
En medio del combate en las sierras, el Che tuvo la gran preocupación del desarrollo político de los campesinos que se acercaban a la guerrilla. Tanto en asentamientos como “El Hombrito” y “La Mesa”, el Che montó pequeños hospitales, escuelas para los niños y adultos analfabetos, talleres de talabartería, armerías, un periódico y hasta incluso una radio. Todo esto con mucho sacrificio de todos los guerrilleros y en medio de la continuidad del combate. El Che tenía la certeza de que allí, en el esfuerzo de los combatientes y los guajiros que empezaban a sumarse a la tarea tras su ejemplo, se encontraba una parte importante del desarrollo de la revolución. Así es que para el Comandante este trabajo debía ser tomado con gran responsabilidad y sin escatimar sacrificios posibles. En medio de esta tarea el Che respondió una carta a uno de los “alfabetizadores” de la guerrilla: “He recibido con regocijo tu misiva en la que lamentas no disponer de los pertinentes instrumentos para desarrollar tu labor pedagógica en la satrapía que te fue asignada por la revolución. Los pueriles sujetos de tu atención académica se las tendrán que arreglar con tu ingenio, ya que no dispongo de esas armas de cultura que reclamas. Aprovecho la ocasión para comunicarte que la próxima vez que hagas caminar a un hombre diez horas para decirme semejante sarta de estupideces te mando alguien para que te corte los cojones. ¿Asimilado? Tu cabreado comandante. Che”.
Su compromiso con la revolución y con el pueblo (de cualquier parte del mundo) era lo que lo llevaba a ser tan riguroso con los demás, pero mucho más consigo mismo. Así, después del triunfo de la Revolución en Cuba, el Comandante, tras el fracaso en Angola, se hizo una fuerte autocrítica por no haber hecho el “esfuerzo suficiente” para aprender el idioma, cuestión que le impedía relacionarse mejor con los combatientes locales. Él era el primero que estaba a la altura de las necesidades.
Al mismo tiempo en que se mantenía en combate, dirigía las campañas de alfabetización, se ocupaba de la moral de los rebeldes y demás tareas. No fueron menores las discusiones del Che con algunos dirigentes del 26 de Julio sobre el rumbo de la Revolución. En una ocasión la discusión fue con Oltusky (coordinador del 26 en la zona de Las Villas, zona donde operaba el II Frente, una guerrilla no perteneciente al 26 de Julio a quien el Che decidió enfrentarse para avanzar). Oltusky era el creador del programa de la reforma agraria que planteaba el reparto de las tierras cobrando impuestos al latifundio, la venta de parcelas y créditos a los pequeños propietarios. Este programa le había parecido demasiado blando a Guevara que, indignado, sostenía que: “la tierra es para quien la trabaja”. Tal era la firmeza de sus posiciones, que la discusión entre los dos se dio en los siguientes términos:
- “Che, pero estas cosas tenemos que hacerlas con cuidado, porque no podemos revelar temprano nuestras intenciones, porque los yanquis nos aplastarían.”; a lo que Guevara respondió:
-“¡Qué comemierda eres! ¿Así que tú crees que podemos hacer una revolución a espaldas de los americanos? Las revoluciones verdaderas hay que hacerlas desde el primer momento y que todo el mundo sepa cómo son porque hay que ganarnos al pueblo. Una revolución de verdad no se puede disfrazar.”
Esto fue el principio de lo que después de la toma del poder llevaría a grandes discusiones, y para el Che sería una lucha incansable. Debates en los que Guevara se posicionó claramente: necesidad de profundizar y extender la revolución, la lucha contra los lastres del capitalismo por el fortalecimiento de la moral, la necesaria politización del pueblo, la lucha por la industrialización contra la dependencia de la URSS, la lucha contra la burocratización...
La convicción de que la tarea era profundizar la revolución solucionando los problemas económicos, pero sobre todo manteniendo los principios de la revolución socialista lo enfrentaron fuertemente al stalinismo. El Che pudo ver que en las directivas y la política de la URSS estaba la vuelta al capitalismo, la restauración. La realidad, luego se encargó de demostrar lo acertado de las posiciones de Guevara.
Así habló el Che, en Septiembre de 1959, a los jóvenes que aspiraban ser parte del ejército revolucionario explicando que su rol era el de volverse los portadores de la voz del pueblo y mantener el orden revolucionario: “…son dos tareas que aparentemente chocan. Y de este choque muchos de los miembros de las fuerzas armadas han convertido arbitrariedades no sólo en la policía, en cada uno de los cuerpos, que son mínimas, pero que existen y pueden contaminar al resto (…) convertirse en un informante, no un informante de las posibles conspiraciones, tenemos un pueblo entero que vigila y que nos ayudará, un vigilante de la reacción popular frente a las medidas de un ministro o del mismo gobierno general, para saber incluso qué se piensa (…) Y no para tener fichado a nadie, no para castigar a nadie por exponer una opinión, todo lo contrario, para analizar la opinión, para ver lo verdadero que tiene esa opinión sobre nuestras acciones…".
Como lo había empezado a hacer en Sierra Maestra, mucho más necesario se volvió para el Che hacerlo en la revolución. La educación política del pueblo se convirtió en una de las máximas preocupaciones de Guevara. Para él era un arma fundamental para poder avanzar dentro de tantos problemas por resolver y en medio de tanto oportunismo. Los funcionarios del PSP (sección cubana del PCUS) sacaban provecho de este atraso en Cuba ocupando puestos de dirección y pretendiendo orientar la política del nuevo gobierno, aún después de haber negado y condenado la lucha revolucionaria del Movimiento 26 de Julio.
En la construcción del socialismo en Cuba, el Che siguió siendo el primero en la línea: se ocupó del Ejército Revolucionario, del Ministerio de Industria, fue nombrado Presidente del Banco Nacional (terror de la burocracia y de quienes pretendían seguir sosteniendo algún negocio), impulsó y protagonizó las jornadas de trabajo voluntario y estuvo atento permanentemente a la educación para que fuera una herramienta que acompañara también el proceso revolucionario, intercediendo también en fuertes debates entre las universidades sobre la necesidad de que los intelectuales se dispusieran a contribuir a la revolución.
Asumiendo una de las tareas más importantes y difíciles de la revolución, se ubicó a la cabeza del Ministerio de Industria, pues la situación era terrible. Se provenía de tener una país con una gran cantidad de desocupados, dependiente del extranjero, tanto de maquinaria como de materias primas para la producción, una agricultura profundamente atrasada, un régimen de propiedad basado en el latifundio... Para enfrentar la situación, el Che y sus colaboradores en el Ministerio crearon el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) con el que hicieron coordinar la producción de las industrias que iban logrando poner en pie organizadas por ramas. Se creo un fondo central de ganancias para el pago de los salarios.
La voluntad de hierro y la certeza de poder cumplir con las más altas responsabilidades, de las que se valió siempre el Che, estimulaban también a todos los militantes de la revolución. Así, mientras Guevara era nombrado Presidente del Banco Nacional, le encargaba a un compañero la tarea de administrador. Este se vio sobrepasado por la responsabilidad que le había tocado:
- “Oiga comandante, que no sé nada de bancos.
- Yo tampoco y soy el presidente, pero cuando la revolución te pide…
- Está bien, ¿cuándo entro?"
Para los que reivindicamos la figura del Che, su actitud es un ejemplo revolucionario de vida. Pero para quienes, de alguna forma piensan en sus beneficios personales y actúan en consecuencia con ello, Guevara se convirtió en su karma. Las jornadas de trabajo voluntario que el Che impulsó llegaron a incomodar a muchos de los que intentaron beneficiarse con su posición en el estado. Estas actitudes individualistas fueron aplastadas frente a la práctica del Che, que asumía grandes responsabilidades como funcionario, trabajaba 17 horas en su ministerio (además de que siempre había reuniones o visitas políticas), estudiaba metódicamente economía y matemáticas avanzadas para organizar la producción y dirigir el banco y los domingos cumplía con su jornada de ocho horas de trabajo voluntario, ya fuera cortando caña, levantando escuelas u alguna otra actividad.
Guevara cobraba su salario de comandante (se había negado a acumular los sueldos por sus distintas funciones) de 440 pesos, de los cuales 100 mandaba a su hija, 50 pagaba de alquiler, 50 pagaba por un auto usado que había comprado y el resto se iba en gastos cotidianos.
Como muestra de esta austeridad, cuando le tocó ser el padrino de casamiento de un compañero, Fernández Mell, se hizo presente con un uniforme de campaña, ya viejo y lleno de agujeritos.
-“¿Cómo vienes con ese uniforme?
- Es mi uniforme de verano.”- Respondía el Che, sin perder su buen humor, y evidenciando que no estaba dispuesto a poseer aquello a lo que no pudiera acceder su pueblo.
Su moral intachable correspondía, para el Che, a una cualidad de la que ningún revolucionario podía prescindir. En este sentido, sostenía que la construcción del socialismo en Cuba, no debía acotarse a los estímulos materiales, sino basarse en la conciencia que pudieran desarrollar y en los estímulos morales que se les pudiera brindar a los obreros y campesinos. Se trataba no sólo del desarrollo económico de Cuba, sino también de la construcción del Hombre Nuevo.
Mientras el Che trabajaba y estaba abocado a la importante tarea de la industrialización, el sector del aparato burocrático encabezado por Escalante y funcionarios del PSP, se enriquecía y esquivaba el trabajo voluntario, no aportaba nada a la revolución. La hundía.
En 1962, Guevara, dio una conferencia a los miembros de seguridad, lo que después se convertiría en el artículo “Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana”. Allí expuso posiciones muy importantes. Criticó la posibilidad de la vía pacífica para la revolución en América Latina y la incapacidad de las burguesías de enfrentarse al imperialismo. En esta conferencia habló de la Alianza para el progreso como “el intento imperialista de detener las condiciones revolucionarias de los pueblos mediante el sistema de repartir una pequeña cantidad de las ganancias con las clases explotadoras criollas.” Habló también del carácter continental que debía tener la revolución y de la necesidad de la lucha guerrillera para vencer al ejército convencional.
Estas posiciones reflejan claramente la firmeza del Che en cuanto a la necesidad de la lucha por la Revolución Socialista a nivel mundial, levantando las banderas del internacionalismo proletario y con ello la necesidad de la lucha armada para el triunfo de esa revolución. Con el mismo espíritu escribió, años más tarde, el “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” donde reafirmó la necesidad de la lucha armada como única posibilidad para la toma del poder y el internacionalismo como condición del desarrollo de la revolución mundial. “El internacionalismo proletario es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria… Nuestro sacrificio es conciente; cuata para pagar la libertad que construimos.”
En una conferencia hizo duras críticas a los excesos de la dirección partidaria en algunas zonas y a la degradación de los Comités de Defensa de la Revolución. En su lucha contra la burocratización, declaró: ".Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, pero también es contrarrevolucionario el señor que valido de su influencia consigue una casa, que después consigue dos carros, que después viola el racionamiento, que después tiene todo lo que no tiene el pueblo.” Para entonces, el Che había logrado echar a algunos importantes personajes de la burocracia partidaria. A quienes les decía: “para nosotros es mucho más importante tener malanga que tenerlos a ustedes”.
En consecuencia con su internacionalismo, el Comandante viajó a África donde estableció importantes vínculos de solidaridad con las luchas por la liberación que allí se estaban gestando. Así participó directamente del entrenamiento militar en el Congo y Angola. En su discurso pronunciado en el II Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática, se enfrentó a China y a la URSS por su actuación frente a las luchas de liberación. Refiriéndose a la venta de armas y materias primas dijo: "¿Cómo puede significar beneficio mutuo vender a precio de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimiento sin límite a los países atrasados y comprar a precio de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas? Si estas son las relaciones, los países socialistas son en cierta manera cómplices de la explotación imperial. Las armas deben llegar gratis. Ante el ominoso ataque del imperialismo norteamericano contra Vietnam o el Congo debe responderse suministrando a estos países hermanos todos los instrumentos de defensa que necesiten y dándoles toda nuestra solidaridad sin condición alguna.”
Esta claridad del Che le trajo problemas con Fidel Castro, quien ha visto como una indisciplina el haberse enfrentado con la dirección del PCUS.
El Che decidió retomar su idea de contribuir personalmente con la revolución en el Congo y emprendió pronto su viaje. Castro estuvo de acuerdo con que el Che se fuera.
Antes de despedirse definitivamente de sus anteriores responsabilidades para asumir las nuevas (siempre las más difíciles) el Che entregó una carta de despedida a Fidel Castro.
No dejaba pocas cosas, pero otra vez pesaban sus principios revolucionarios. "Dejaba atrás casi once años de trabajo para la revolución cubana al lado de Fidel, un hogar feliz, hasta donde puede llamarse hogar la vivienda de un revolucionario consagrado a su tarea y un montón de hijos que apenas sabían de mi cariño. Se reiniciaba el ciclo."
Siempre con su responsabilidad ante las tareas que asumía, antes de salir para el Congo el Che se dispuso a aprender swahili (lengua de los congoleños). También le dio instrucciones precisas a sus hombres: “Nosotros íbamos a ayudar a un movimiento de liberación. Nuestra ayuda consistiría en asesoramiento. Hablaba de las experiencias de la sierra. De que allí, primero íbamos a dar y no a recibir, que había que sacrificarse, que no podíamos comer antes que los guerrilleros nativos, que no quería manifestaciones de prepotencia, que fuéramos modestos, que tuviéramos presente que éste era un país con cuatro siglos de atraso, íbamos a chocar con la miseria en su punto álgido. Allí nadie podía tener más que nadie, a no ser por causa muy justificada. (…) Que él no garantizaba el tiempo que pasaríamos allí, que quizás en cinco años se pudiera plantear una sustitución del personal.” Esto recordaría uno de los hombres que lo acompañó, el doctor Zerquera.
En el Congo peleó por la revolución siendo siempre el primero, intentando ser un ejemplo para todos sus compañeros, haciendo enormes sacrificios por el triunfo de esa lucha. Allí se hicieron infinitos sacrificios que no impidieron que el Che, asumiendo su rol de comandante, fuera el primero en hacer una fuerte autocrítica planteando que él debía haber hecho aún un esfuerzo mayor por insertarse y ganar la confianza de los combatientes y campesinos del lugar. Esta actitud no es más que una muestra de una fuerte voluntad y convicción que hicieron que Guevara no escatimara ni el más mínimo esfuerzo a la causa.
Nuevamente los principios revolucionarios del internacionalismo lo llevaron a proponerse desarrollar la lucha en Latinoamérica. Así fue que volvió a Cuba, convocó a viejos compañeros de la experiencia de Sierra Maestra y emprendieron la formación de una guerrilla en Bolivia con la intención de ir extendiéndola luego a Perú y Argentina.
Volvieron a revivir los difíciles pasajes de la Sierra Maestra: para el Che, la dirección de una columna que necesitaba educarse en la moral para sobrevivir al frío, al hambre, al cansancio, a la desesperación...
El Comandante se preocupó por el armado de una importante red de trabajo en la ciudad y con el vínculo de organizaciones políticas y sindicales de Bolivia. Lamentablemente, estas organizaciones venían de una importante derrota luego de la revolución del 52 y la organización con mayor peso en el país, que había prometido su apoyo, era el Partido Comunista de Bolivia. Pero esta dirección stalinista (a cargo de Mario Monje quien respondía al PCUS), una vez instalado el Che, retiró sus promesas de apoyo, forzando a sus militantes a romper con el PC para poder aportar al desarrollo de la revolución. De este modo, el PCB se encargó de dejar en claro públicamente que no tenía nada que ver con las acciones armadas en Bolivia, aislando a la guerrilla y dejando al descubierto la presencia del Che en ese país, incluso sabiendo que lo la CIA le seguía los pasos.
Finalmente, el Comandante Guevara fue capturado y fusilado cobardemente por el ejército boliviano.
Ha caído combatiendo por la revolución, siendo fiel a sus principios, siempre.
Comandante,

¡HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE!