CTA: Dos conducciones burocráticas

Después del escandaloso fraude de las elecciones en la CTA, Hugo Yasky y Pablo Micheli se autoproclaman secretarios generales de la central. Así, tras varios meses de disputas, la CTA tiene, ahora, dos conducciones burocráticas, propatronales y antiobreras.


Hace más de cuatro meses que los dos bandos burocráticos de la CTA vienen disputándose el control de la central. Tras el escandaloso fraude, sobre el que hasta Moyano ironizó diciendo que “la CTA no es tan democrática como dice”, Yasky y Micheli continúan proclamándose como ganadores, pero, sin embargo, ninguno logra imponerse sobre el otro.

Por eso, la CTA tiene ahora dos conducciones. La del sector de Yasky, que se encuentra alineada con el gobierno kirchnerista, y la de Micheli, encolumnada tras el proyecto de “Pino” Solanas. En concreto, la sede de la CTA se encuentra ocupada por los dos “secretarios generales”. Cada uno tiene su propio despacho de secretario general en el edificio de la calle Piedras, desde donde firman comunicados y declaraciones en nombre de toda la central.

Para sostener su lugar, Yasky se apoya en la prórroga del mandato que les concedieron sus amigos del ministerio de trabajo en el mes de noviembre, desconoce las elecciones complementarias hechas por Micheli (a las que calificó de “truchísimas y vergonzosas”), y está a la espera de las elecciones que su sector convoca para el 16 de marzo. Micheli, por su parte, se apoya en el fraude de las primeras elecciones de septiembre (también “truchísimas y vergonzosas”) que lo dieron como ganador, en el rechazo judicial hacia una resolución cautelar promovida por el yaskysmo, y en la votación complementaria de diciembre, en la que se presentó él solo.

Pese a todas estas idas y venidas y a las discusiones que encaran ambos dirigentes, lo cierto es que tanto Yasky como Micheli están a la espera de un aval estatal para dirimir el conflicto. No está de más recordar que antes de realizar las elecciones, ambos sectores firmaron un acta que establecía que ellos mismos resolverían los diferendos que se pudieran presentar (evidentemente sabían que habría un fraude descomunal como el que ambos llevaron adelante), sin la necesidad de la intervención estatal. Para eso, conformaron un tribunal arbitral, que a esta altura de los hechos ya demostró, sobradamente, su inutilidad. Jactándose de este acuerdo, los jefes de la CTA pretendían demostrar su supuesta independencia del estado.

El fraude fue tan grande que ellos mismos debieron reconocer que hubo “irregularidades” en, por lo menos, tres provincias enteras y en unas cincuenta mesas de todo el país. Acordaron que debían realizarse elecciones complementarias, pero no estuvieron de acuerdo en cómo y cuándo realizarlas. Entonces, se profundizó la crisis en la conducción de la CTA y, al poco tiempo de estallar la disputa post electoral, el estado comenzó a jugar un papel determinante en la interna burocrática. Primero, fue la prórroga que el ministerio de trabajo le concedió a la conducción anterior, encabezada por Yasky y de la que Micheli es parte integrante. Después vinieron las innumerables instancias judiciales en las que buscan ampararse ambos dirigentes: “Somos la nueva conducción de la CTA. No sólo ya lo dijo la gente con su voto sino que ahora lo refleja el fallo judicial”, argumenta Micheli. “Nuestro mandato está prorrogado y Micheli no tiene reconocimiento alguno por parte de la Justicia. Es el juez a cargo quien debe dar sentencia, hasta ese momento debemos esperar”, afirma Yasky.

De este modo, la conducción de la CTA, que tanto se jacta de su supuesta independencia del estado, depende, justamente del estado, de sus ministerios y de su justicia, para resolver el problema de quién dirige la central.

Todo este escándalo, que pone en evidencia el carácter fraudulento y de dependencia estatal de la conducción de la CTA, no nos puede hacer perder de vista que ambos sectores, tanto el de Yasky como el de Micheli, son parte de la burocracia sindical argentina, por su apoyo a proyectos políticos patronales, por su persecución hacia el activismo independiente y por su falta de democracia interna.

Encolumnados detrás de algún proyecto capitalista (Yasky con el kirchnerismo, Micheli/De Gennaro con “Pino Solanas”), persiguen y atacan constantemente a las comisiones internas, a los cuerpos de delegados y a las agrupaciones que levantan la independencia de clase como bandera fundamental.

Por eso, mientras Yasky y Micheli están a la espera de una resolución judicial, los trabajadores debemos continuar con la organización independiente y la coordinación de los sectores antiburocráticos para avanzar en la lucha contra la burocracia de la CTA, personificada en las figuras de Yasky, de Micheli y de todos sus socios.