Editorial: Avanzar en la lucha por el salario

Aunque parezca increíble, el gobierno y la “oposición” siguen discutiendo si es real la inflación o si estamos en presencia de un “reacomodamiento de precios”. El congreso, algún acto o sus medios de comunicación son utilizados permanentemente para exponer sus argumentos a favor o en contra de la actual situación económica. La burocracia sindical, mientras tanto, se reúne con los líderes empresarios de la UIA, organizan de conjunto diversas mesas de debate y analizan los pasos a seguir contra los trabajadores. Su plan es harto conocido. Más allá de que el jefe de la CGT, Hugo Moyano, celebre en cada acto de gobierno que mientras en Europa “se impone el ajuste, en Argentina se discutan salarios”, la realidad es que la burocracia sindical busca negociar aumentos salariales siempre por debajo del incremento general de precios, garantizando el ajuste sobre la clase trabajadora. Así lo hicieron ya, entre otras, las direcciones de la CTERA y de bancarios, que firmaron por menos del 25% y en cuotas. Similar fue el arreglo de la burocracia de Caló en metalúrgicos. Estos “aumentos”, presentados como importantes avances por las conducciones sindicales burocráticas, son, en realidad, una lisa y llana entrega. No solamente van bien por debajo de los índices reales de inflación, sino que, además, se harán, en la mayoría de los casos, en varias cuotas, hasta el año próximo, y no serán remunerativos. Casi ninguno escapa de la firma de la “paz social”, que busca garantizar que no se tomen medidas de fuerza por mejoras salariales mientras esté en vigencia el acuerdo, al tiempo que se deja a los empresarios en libertad para modificar condiciones laborales, flexibilizar, despedir... Todas prácticas recurrentes, y ya tradicionales, de las respectivas conducciones de la CGT y la CTA. Por otra parte, no es necesario aclarar que la burocracia no permite (mucho menos fomenta) la participación de los trabajadores desde espacios de base en la elaboración de estos acuerdos paritarios que, por el contrario, buscan realizar siempre a sus espaldas, dónde más cómodos se sienten: en las oficinas gubernamentales o patronales.

Sin embargo, el último aumento salarial firmado en el sector de la alimentación rompe con esta situación y demuestra claramente que es posible marcarle los tiempos a la burocracia sindical y a la patronal. Este acuerdo no sólo ha superado ampliamente las pautas oficiales señaladas por el gobierno. Ha superado, también, lo que la misma burocracia de Daer, Morán y Morcillo estaba dispuesta a negociar con los empresarios. Y esto fue posible, únicamente, gracias a la presión ejercida por la organización independiente y la lucha de los trabajadores del sector. Lucha que va desde el importante conflicto en Kraft-Terrabusi contra los despidos iniciado en 2009, hasta las últimas medidas del plan de lucha por aumento salarial, que tuvieron como principales protagonistas a los obreros de Arcor en Córdoba. Organización que se desarrolló con la generalización de los debates en asambleas de base, de la elección de delegados y representantes de entre los mismos trabajadores y de la consolidación de los espacios anti-burocráticos existentes, como las comisiones internas ganadas a la burocracia.

Todos estos factores marcan la gran importancia del ejemplo de los trabajadores de la alimentación. Ejemplo que, por estos días, preocupa a los empresarios locales y al gobierno, alarmados por la posibilidad de que se expandan las luchas por recomposición salarial. Es que se confirma una vez más, como tantas veces en el pasado, que con una organización independiente de la patronal y del estado, y con una lucha firme y decidida, es posible conseguir importantes conquistas, rompiendo con los techos salariales o barriendo con los acuerdos de “paz social”, firmados contra los trabajadores.

Claro que este avance, sin dejar de ser importante, no es más que una conquista parcial en el terreno sindical, en un contexto en el cual la mayor parte de la clase obrera continúa trabajando largas jornadas por salarios de pobreza y en condiciones de flexibilización generalizadas. Incluso dentro del mismo sector de la alimentación, la lucha no puede darse por terminada cuando el salario (aún incluyendo los últimos aumentos) se mantiene lejos de la canasta básica, incluso para el valor estimado por el mismo sindicato. O cuando el acuerdo firmado por la burocracia no garantiza algo tan elemental como el pago de los días de huelga, o la patronal avanza con despidos en varias de las plantas más importantes del país.

La organización desde las bases y la lucha es el camino que debemos seguir en cada lugar de trabajo para poder recuperar el terreno perdido y avanzar en la mejora del salario. Ese es ejemplo que han marcado los trabajadores de la alimentación; la experiencia que debemos seguir y profundizar.