El 1º de mayo de 1886 miles de trabajadores norteamericanos fueron a la huelga por alcanzar la jornada de 8 horas. En algunos lugares, como en Chicago, la conquista de esa reivindicación histórica se hizo en base a una lucha feroz, con varios días de huelga y combates contra la policía y los rompehuelgas. La burguesía yanqui trató de empañar lo que era, a todas vistas, un avance obrero sin igual. Para eso persiguió y condenó a muerte a algunos dirigentes importantes de la lucha. Desde entonces la clase trabajadora de todo el mundo los recuerda como ejemplo de dignidad y valentía en la lucha por su emancipación. Ya entonces, en plena lucha por las 8 horas una proclama decía: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. (...) Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas! (...) ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”.
Durante siglos las disputas por el poder se dieron entre minorías poderosas que buscaban apropiarse del fruto del trabajo colectivo. Las grandes masas que estaban en la parte de abajo de la estructura social, los que trabajaban cotidianamente y cuya producción era expropiada por los poderosos, se veían siempre condenados a vivir sometidos y hambreados sin poder vislumbrar un futuro mejor para sus hijos.
En los últimos siglos, sin embargo, al ritmo que se desarrollaba el capitalismo, que crecía la clase trabajadora y que el fruto de su trabajo daba impulso a un desarrollo nunca visto en una sociedad cada vez más desigual, los trabajadores fueron tomando conciencia de que son el alma de la sociedad, quienes le dan vida y hacen funcionar, y que son, al mismo tiempo, quienes menos tienen, por ser despojados de todo lo producido para el bienestar de un pequeño número de capitalistas.
De este modo, junto al desarrollo del capitalismo, sus fábricas y ciudades, y junto al crecimiento exponencial de la clase trabajadora que lo acompaño, se fue dando también un proceso de desarrollo de la organización y la conciencia de los trabajadores. Por todas partes se fueron formando asociaciones de ayuda mutua, sindicatos, ligas, partidos. Y, junto a las organizaciones de la clase trabajadora, se fue desarrollando su entendimiento sobre la situación de explotación que vive bajo el capitalismo, sobre la necesidad de superarla por medio de la lucha revolucionaria, y sobre la posibilidad y necesidad de combatir contra la burguesía gobernante y alcanzar una nueva sociedad regida por nuevos principios sociales: el socialismo.
A lo largo del siglo XIX la clase trabajadora y los militantes más comprometidos con su causa fueron orientándose en la lucha contra las miserias del capitalismo y por el socialismo, realizando valiosas experiencias revolucionarias, como la Comuna de París de 1871. 15 años después los mártires de Chicago darían otro monumental ejemplo de lucha en las jornadas de mayo. El análisis de la sociedad capitalista, las proyecciones hacia una sociedad sin explotación como el socialismo, y el balance sobre cada paso dado en la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, fueron permitiendo que los luchadores revolucionarios por el socialismo, vayan fortaleciendo sus organizaciones y doctrinas, construyendo importantes partidos y ubicándose bajo la orientación política del marxismo.
Con ese balance y experiencia, después de innumerables esfuerzos y sacrificios, los revolucionarios bolcheviques dirigidos por Lenin y Trotsky, lograron tomar el poder en Rusia en el año 1917. De esta forma se inició la primera experiencia en la historia de la humanidad en donde la gran mayoría explotada pasaba a dirigir la sociedad. Los trabajadores rusos, por su propia cuenta, se hicieron cargo de organizar la sociedad, desterrando la explotación capitalista, estableciendo órganos de participación popular (soviets), desarrollando la economía y la sociedad para el beneficio del conjunto social, y combatiendo en una guerra civil para evitar que los capitalistas vuelvan a imponer su dominio.
En aquel entonces todos los capitalistas del mundo dijeron que lo que sucedía era un imposible, que ese gobierno no podría gobernar ni un mes, que los trabajadores era incapaces de gobernarse a sí mismos... Sin embargo la revolución rusa no sólo se sostuvo, sino que dio enormes ejemplos a los explotados del mundo. Allí en un país atrasado y pobre, devastado por la guerra y por las presiones de los capitalistas locales y extranjeros, los trabajadores organizaron una sociedad sin explotación, expropiaron a los capitalistas, garantizaron los bienes básicos para todos y establecieron la planificación económica.
El devenir posterior que, bajo presión del capital internacional y por limitaciones propias de lo que fue la primera revolución socialista de la historia, llevaron a la decadencia del estado obrero por medio de la burocratización que dirigió Stalin, culminando con la vuelta a la explotación con la restauración del capitalismo. Pero el ejemplo y las enseñanzas que dejó la revolución rusa nutrieron la experiencia de la clase trabajadora en el mundo, para seguir la lucha revolucionaria por una sociedad sin explotación.
A partir de la experiencia rusa se extendió por el mundo la lucha de los trabajadores por el socialismo, dando lugar al surgimiento de miles de organizaciones políticas orientadas al combate revolucionario, permitiendo el desarrollo de cientos de experiencias revolucionarias por todo el mundo, y llegando a alcanzar en muchos casos, como sucedió en China, en Vietnam, o en Cuba, la toma del poder por las organizaciones del pueblo trabajador, para el desarrollo del socialismo
Por supuesto, esa lucha es larga y tiene sus retrocesos. Aunque ha dado muestras cada vez más importantes de su capacidad de lucha y de organización, la clase trabajadora aún no ha logrado dar vuelta la situación de explotación que hoy persiste. Además, como bien decía el Che Guevara, cuando una revolución no avanza, retrocede. De este modo, así como los trabajadores han tenido grandes logros, en contraposición, la avanzada política, ideológica y militar del capitalismo ha sido importante. La burguesía ha retomado posiciones a fuerza de ataques, invasiones, golpes militares, con la intensificación de la explotación y con la difusión de ideas que aseguran que el tiempo de la revolución ya pasó y que los trabajadores no tenemos posibilidad de luchar y conquistar nuestra liberación con el socialismo.
Pero las enormes enseñanzas que nos deja la clase trabajadora en su lucha, constituyen un inmenso caudal de experiencia que nos permite tomar su ejemplo como punto de partida para llevar adelante la revolución socialista en nuestro país. A los combatientes del 1 de mayo de 1886 y a todos los luchadores revolucionarios de la historia de los trabajadores les brindamos nuestro homenaje. Y en la búsqueda de dar continuidad a su lucha por el socialismo en nuestro país, nos planteamos hacer todos los esfuerzos para dar impulso a la revolución socialista en Argentina. Para eso, un primer paso imprescindible, es construir el partido de los trabajadores revolucionarios.