En el último mes se dio una nueva avanzada israelí sobre el pueblo palestino que resiste cotidianamente y, y desde hace largas décadas, enfrenta la ocupación de su territorio por parte del Estado de Israel y su histórico aliado, EEUU.
El pasado viernes 26 de marzo las tropas israelíes mataron al menos a 5 palestinos e hirieron a otros 30 cuando atacaron el campo de refugiados de Jan Yunis en la Franja de Gaza. La acción del ejército sionista sobre esta zona civil, llevada a cabo en nombre de una represalia por la muerte de dos soldados israelíes, incluyó helicópteros de guerra, aviones no tripulados y aviones de guerra F16, tanques de guerra Abraham M1 y otras fuerzas de artillería. Es el mayor ataque directo militar en un año, luego que entre fines de 2008 y principios de 2009 Israel asesinara con su “operación plomo fundido” a cerca de 1.500 palestinos(1).
El último ataque militar de marzo es parte de una escalada más amplia cuyo hecho más conocido es la reciente resolución por parte del Estado de Israel de construir 1600 nuevas viviendas de colonos en Jerusalén para avanzar en la ocupación israelí sobre áreas de origen y población palestinas(2). Al mismo tiempo Israel ha llevado adelante numerosas represiones contra manifestaciones palestinas y ha avanzado con la política de demolición de casas y de expulsión de ciudadanos palestinos.
La ocupación israelí de los territorios palestinos tiene una larga historia. Cuando a fines del siglo XIX el primer congreso sionista definió como misión la “colonización sistemática de Palestina”, esta zona contaba apenas con un 5% de población judía. Después de años de colonización permanente, y con el apoyo de grandes potencias como EEUU y la ONU, en 1947 logró la “partición” de Palestina, y enseguida el naciente ejército de Israel no sólo mantuvo el control del territorio palestino cedido graciosamente por la ONU, sino que avanzó sobre el resto de la zona, ocupando casi el 80% de la región hacia 1949. El resultado de esta campaña fue la expulsión de la gran mayoría de los palestinos (se estiman unos 800.000). El estado israelí volvió a arremeter luego contra la población palestina en la “guerra de los seis días” de 1967 ocupando prácticamente la totalidad del territorio palestino, aunque la imposibilidad de sostener esta situación lo obligó a admitir la existencia de “zonas” palestinas(3). El atropello y la represión israelí sobre los palestinos que sobreviven en las zonas independientes y aún contra los que quedaron viviendo al interior del estado sionista ha sido constante desde entonces y traza una larga historia de masacres, bombardeos, embargos, boicots económicos, etc.
Ante semejante atropello, el pueblo palestino ha buscado todas las formas de sostener la resistencia contra esa política israelí de sometimiento y exterminio, conformando organizaciones sociales, políticas y político militares y realizando en varias oportunidades alzamientos masivos como el de marzo de 1976 (recordado como el “día de la tierra palestina”), el de fines de 1987 conocido como la “primera intifada” y el de diciembre de 2000 o “segunda intifada”.
La importancia de la acción de resistencia palestina obligó a Israel y a las grandes potencias mundiales a buscar negociaciones con las organizaciones representativas de su lucha. Para sortear este obstáculo, la nueva táctica israelí fue la cooptación de los sectores dominantes de la sociedad y las organizaciones palestinas, lo que llevó a la transformación de Al-Fatah, una de sus organizaciones más importantes, a constituirse en “autoridad palestina” y transformarse en ejecutora de la política de segregación y ocupación israelí. En ese marco, las organizaciones que no cedieron a la presión israelí, como sucedió con grupos fundamentalistas musulmanes, ganaron un gran apoyo en los sectores populares, lo que dio lugar al fortalecimiento de la Yihad Islámica y de Hamas y el triunfo de éste último en las elecciones legislativas de 2006.
En la actualidad, mientras Israel sostiene su sistemática agresión contra la población palestina, las zonas autónomas se encuentran divididas: mientras la Franja de Gaza es gobernada por el islamista Hamas, la zona de Cisjordania está bajo control de la autoridad palestina, cuya seguridad es entrenada y financiada por Israel y EEUU.
La política guerrerista israelí es central para su propio fortalecimiento económico y militar(4), y ha funcionado de hecho como un enclave sobre el que se apoya EEUU en su política expansionista en Medio Oriente. No en vano, EEUU le suministra 3.000 millones de dólares anuales y toda la llamada “comunidad internacional” (las grandes potencias nucleadas en la ONU) evita cualquier tipo de sanciones por más que viole sistemáticamente todos los acuerdos internacionales. Ante esta evidencia, por más que Netanyahu, el primer ministro israelí, vaya más rápido que lo que esperan sus aliados de siempre, no hay que esperar ningún distanciamiento serio entre Obama y su enclave en Medio Oriente.
Mientras tanto, las condiciones del pueblo palestino son lamentables. Están imposibilitados de circular por el muro que ha construido Israel y los numerosos puestos militares de control. A diario las tropas de ocupación arremeten contra la población, golpeando y arrestando y ya son 11.000 los presos palestinos en las cárceles israelíes. Son sistemáticos la ocupación de tierras y el derrumbe y bombardeo de casas y edificios públicos. Sobre todo en la zona de Gaza la situación se hace insoportable por el bloqueo económico y militar que ha llevado al desmoronamiento de esa pobre economía, transformando a la población palestina en un ejército de desocupados casi sin posibilidades de supervivencia.
Ante semejante avasallamiento, es indispensable la solidaridad sin condiciones con la lucha del pueblo palestino y la enérgica condena al estado de Israel y su ocupación militar.
Notas:
(1) Aún así hay que recordar que en este último año, además del permanente hostigamiento contra la población palestina, el Estado de Israel asesinó al dirigente de Hamas, Mahmud al-Mahbud, en Dubai, hecho que tuvo gran repercusión por la espectacularidad de la operación (con numerosos espías secretos) y porque fue realizado con documentación falsa de distintos países europeos, lo que llevó a la queja formal y la expulsión del responsable del Mossad de Gran Bretaña.
(2) Las nuevas 1.600 viviendas propuestas para Jerusalén oriental son parte de una política de ocupación activa que es central para el control israelí de la zona. Éstas se sumaran a otros 200.000 colonos que ya están en la zona de Jerusalén. Por medio de la “ley del retorno” Israel promueve la migración de judíos de distintos lugares del mundo como herramienta de colonización contra Palestina. Para cumplir ese papel de escudos humanos, al que suelen acudir numerosas familias argentinas, se lleva ahora principalmente a judíos pobres de zonas de la ex URSS.
(3) Julien Salingue: “Reflexiones sobre el levantamiento palestino que viene”, en www.rebelión.org.
(4) Israel cuenta con armas nucleares y armas convencionales de última generación.