La pelea en el PJ

El kirchnerismo, al que muchos daban por muerto luego de la última derrota electoral, se prepara con miras a la elección presidencial de 2011 y recrudece la batalla por el control del PJ. “Vamos a gobernar hasta el 2020”, prometió Kirchner. “Vamos a quedar Kirchner y yo, y lo voy a echar con votos”, retrucó Duhalde, mientras el resto del peronismo hace cálculos para definir de qué lado sacará más ventajas y privilegios.



“Estamos absolutamente decididos a gobernar la patria hasta el 2011, y del 2011 al 2015, y del 2015 al 2020, tenemos toda la fuerza”, bramó Néstor Kirchner en Chaco, en el acto para reasumir la presidencia del PJ, cargo al que había renunciado “indeclinablemente” hace apenas ocho meses, después de su derrota electoral en la provincia de Buenos Aires ante el trío Solá-Macri-De Narváez. Ahora, fue Solá el que renunció a su puesto de consejero nacional del PJ. El retorno de Kirchner a la conducción del aparato nacional justicialista motivó, también, la renuncia del salteño Juan Carlos Romero.

El “ex-nuevo” presidente del PJ habló ante una tribuna adicta, movilizada por su anfitrión, el chaqueño Capitanich, y frente a los demás gobernadores que llegaron en avión para estar en primera fila: de Buenos Aires, Daniel Scioli; de San Juan, José Luis Gioja; de Mendoza, Celso Jaque; de La Rioja, Luis Beder Herrera; de Formosa, Gildo Insfrán; de Entre Ríos, Sergio Urribarri; de Salta, Juan Manuel Urtubey; de Santa Cruz, Daniel Peralta; y de Jujuy, Walter Barrionuevo. No faltaron ministros, como Amado Boudou; intendentes del conurbano bonaerense, como Hugo Curto o Alejandro Granados, y, por supuesto, Hugo Moyano, con toda la cúpula de la CGT oficialista.

Aunque dice que recién a fin de año decidirá si se presenta como candidato a presidente en las internas de su partido, Kirchner dedicó su discurso a hostigar a los que prevé como sus mayores competidores futuros, Duhalde en el ámbito interno, y el radicalismo en el nacional. Por eso, su discurso se centró en referencias a la devaluación asimétrica y el corralito de 2001, y, por supuesto, al helicóptero de De la Rúa. Desde el lugar de fuerza que le otorga la enorme caja con la que maneja gobernadores e intendentes, y decidido a contar con los aparatos clientelísticos que eso promete, el ex presidente llamó a todos los peronistas a sumar esfuerzos “en la diversidad”.

Por fuera del kirchnerismo, Eduardo Duhalde ya no explora alternativas: “el candidato soy yo”, dijo, y prometió echar a Kirchner con los votos en la interna, mientras Francisco de Narváez sigue con sus giras por el país y Felipe Solá no resuelve si va a armar su propio partido o si se va a presentar en la interna del PJ. Carlos Reutemann no se decide, y todos comparten charlas, actos y negociaciones con los aspirantes del interior (el chubutense Mario Das Neves, el puntano Adolfo Rodríguez Saá, el entrerriano Jorge Busti y el salteño Juan Carlos Romero). Duhalde apuesta toda su fuerza a la interna del PJ, por lo que no descarta a nadie en sus permanentes negociaciones.

En el congreso todo es también negociación. En diputados, detrás de los bloques mayoritarios del kirchnerismo y la UCR, el Peronismo Federal es la tercera minoría, pero debe conciliar entre los que acompañaron a Solá, los fieles a De Narváez, los que coquetean con el duhaldismo, los que responden a Rodríguez Saá y Romero, los reutemanistas santafesinos y hasta Enrique Thomas, el único diputado peronista alineado con Julio Cobos. Además, están los bloques de Camaño, de Das Neves, de Carlos Verna y otros sueltos.

En todas las reuniones, cenas y apartes en los pasillos, el eje de las discusiones pasa por temas como la coparticipación federal y el destino de los fondos del impuesto al cheque, dejando bien claro que las lealtades y traiciones no se miden por principios ni proyectos, sino por el tintineo, contante y sonante, de los dineros en juego.

La burocracia sindical no se queda atrás en las presiones ni afuera de las negociaciones. Moyano por un lado, Barrionuevo o Venegas por el otro, todos cotizan los servicios que sus respectivos aparatos pueden prestar a los contendientes.

Así avanza la interna del PJ, el principal partido de la burguesía, que, entre acusaciones, reconciliaciones, acuerdos y enroques, logra rearmase y recomponerse, aprovechando la debilidad de la organización independiente de la clase trabajadora, mientras se paga la deuda externa y crece la miseria del pueblo trabajador.