Acuerdo al compás de la comitiva yanqui
Los delegados de la dictadura cívico-militar encabezada por Micheletti y los del grupo del derrocado Zelaya han alcanzado, con la mediación del gobierno de los EEUU y luego de las incontables reuniones, un acuerdo buscando poner fin a la crisis.
Día tras día se sucedieron las rondas de negociaciones donde los golpistas, las principales cámaras empresarias y el derrocado Zelaya se dieron debate para buscar una salida acordada al conflicto actual.
La insistencia, por un lado, de los golpistas en la convocatoria a elecciones para fin de noviembre, con el llamado a la conformación de un “gobierno de transición y reconciliación nacional”, y, por el otro lado, de Zelaya exigiendo su restitución como paso previo para avanzar en futuros acuerdos, llevó a una prolongación de las negociaciones.
En los últimos días, el grupo de Zelaya, que siempre ha demostrado, más allá de las idas y vueltas, su profunda búsqueda de acuerdo, nada menos que con quienes lo derrocaron, ha pedido con mayor énfasis la intervención del gobierno de EEUU en el conflicto de su país: desde la participación de la OEA , como mediador en las rondas de negociación, hasta el bloqueo económico al actual gobierno. Sin siquiera avergonzarse, Rasel Tomé, uno de los asesores de Zelaya, propuso, en una auténtica apología de la dependencia de su país: “…en Estados Unidos se encuentran las reservas internacionales de Honduras. El gobierno democrático de Barack Obama podría ordenar que se reconozca únicamente la firma del presidente Zelaya para tener acceso al dinero. Si eso sucediera, este régimen de facto se derrumbaría inmediatamente”.
Desde los últimos días de octubre se encuentra en la capital hondureña una nutrida delegación de funcionarios yanquis, encabezada nada menos que por el asesor de la Casa Blanca , Dan Restrepo, y el subsecretario de estado para América Latina, Thomas Shannon. Finalmente, la comitiva yanqui encontró el tan buscado acuerdo: será el congreso nacional el que decidirá sobre la restitución de Zelaya, que negoció la no-reforma de la constitución, al mismo tiempo que se mantienen las elecciones para el 29 de noviembre y se convoca a la formación de un “gobierno de unidad nacional”. Así, zelayistas y golpistas continuarán negociando, al compás de la embajada yanqui y las organizaciones empresarias de su país, una salida a sus disputas. Como venimos insistiendo, mes tras mes, ninguna alternativa ofrecerán al pueblo trabajador, más que continuar con la explotación y profundizar la dependencia de Honduras.
Los delegados de la dictadura cívico-militar encabezada por Micheletti y los del grupo del derrocado Zelaya han alcanzado, con la mediación del gobierno de los EEUU y luego de las incontables reuniones, un acuerdo buscando poner fin a la crisis.
Día tras día se sucedieron las rondas de negociaciones donde los golpistas, las principales cámaras empresarias y el derrocado Zelaya se dieron debate para buscar una salida acordada al conflicto actual.
La insistencia, por un lado, de los golpistas en la convocatoria a elecciones para fin de noviembre, con el llamado a la conformación de un “gobierno de transición y reconciliación nacional”, y, por el otro lado, de Zelaya exigiendo su restitución como paso previo para avanzar en futuros acuerdos, llevó a una prolongación de las negociaciones.
En los últimos días, el grupo de Zelaya, que siempre ha demostrado, más allá de las idas y vueltas, su profunda búsqueda de acuerdo, nada menos que con quienes lo derrocaron, ha pedido con mayor énfasis la intervención del gobierno de EEUU en el conflicto de su país: desde la participación de la OEA , como mediador en las rondas de negociación, hasta el bloqueo económico al actual gobierno. Sin siquiera avergonzarse, Rasel Tomé, uno de los asesores de Zelaya, propuso, en una auténtica apología de la dependencia de su país: “…en Estados Unidos se encuentran las reservas internacionales de Honduras. El gobierno democrático de Barack Obama podría ordenar que se reconozca únicamente la firma del presidente Zelaya para tener acceso al dinero. Si eso sucediera, este régimen de facto se derrumbaría inmediatamente”.
Desde los últimos días de octubre se encuentra en la capital hondureña una nutrida delegación de funcionarios yanquis, encabezada nada menos que por el asesor de la Casa Blanca , Dan Restrepo, y el subsecretario de estado para América Latina, Thomas Shannon. Finalmente, la comitiva yanqui encontró el tan buscado acuerdo: será el congreso nacional el que decidirá sobre la restitución de Zelaya, que negoció la no-reforma de la constitución, al mismo tiempo que se mantienen las elecciones para el 29 de noviembre y se convoca a la formación de un “gobierno de unidad nacional”. Así, zelayistas y golpistas continuarán negociando, al compás de la embajada yanqui y las organizaciones empresarias de su país, una salida a sus disputas. Como venimos insistiendo, mes tras mes, ninguna alternativa ofrecerán al pueblo trabajador, más que continuar con la explotación y profundizar la dependencia de Honduras.
Los delegados de la dictadura cívico-militar encabezada por Micheletti y los del grupo del derrocado Zelaya han alcanzado, con la mediación del gobierno de los EEUU y luego de las incontables reuniones, un acuerdo buscando poner fin a la crisis.
Día tras día se sucedieron las rondas de negociaciones donde los golpistas, las principales cámaras empresarias y el derrocado Zelaya se dieron debate para buscar una salida acordada al conflicto actual.
La insistencia, por un lado, de los golpistas en la convocatoria a elecciones para fin de noviembre, con el llamado a la conformación de un “gobierno de transición y reconciliación nacional”, y, por el otro lado, de Zelaya exigiendo su restitución como paso previo para avanzar en futuros acuerdos, llevó a una prolongación de las negociaciones.
En los últimos días, el grupo de Zelaya, que siempre ha demostrado, más allá de las idas y vueltas, su profunda búsqueda de acuerdo, nada menos que con quienes lo derrocaron, ha pedido con mayor énfasis la intervención del gobierno de EEUU en el conflicto de su país: desde la participación de la OEA , como mediador en las rondas de negociación, hasta el bloqueo económico al actual gobierno. Sin siquiera avergonzarse, Rasel Tomé, uno de los asesores de Zelaya, propuso, en una auténtica apología de la dependencia de su país: “…en Estados Unidos se encuentran las reservas internacionales de Honduras. El gobierno democrático de Barack Obama podría ordenar que se reconozca únicamente la firma del presidente Zelaya para tener acceso al dinero. Si eso sucediera, este régimen de facto se derrumbaría inmediatamente”.
Desde los últimos días de octubre se encuentra en la capital hondureña una nutrida delegación de funcionarios yanquis, encabezada nada menos que por el asesor de la Casa Blanca , Dan Restrepo, y el subsecretario de estado para América Latina, Thomas Shannon. Finalmente, la comitiva yanqui encontró el tan buscado acuerdo: será el congreso nacional el que decidirá sobre la restitución de Zelaya, que negoció la no-reforma de la constitución, al mismo tiempo que se mantienen las elecciones para el 29 de noviembre y se convoca a la formación de un “gobierno de unidad nacional”. Así, zelayistas y golpistas continuarán negociando, al compás de la embajada yanqui y las organizaciones empresarias de su país, una salida a sus disputas. Como venimos insistiendo, mes tras mes, ninguna alternativa ofrecerán al pueblo trabajador, más que continuar con la explotación y profundizar la dependencia de Honduras.
Los delegados de la dictadura cívico-militar encabezada por Micheletti y los del grupo del derrocado Zelaya han alcanzado, con la mediación del gobierno de los EEUU y luego de las incontables reuniones, un acuerdo buscando poner fin a la crisis.
Día tras día se sucedieron las rondas de negociaciones donde los golpistas, las principales cámaras empresarias y el derrocado Zelaya se dieron debate para buscar una salida acordada al conflicto actual.
La insistencia, por un lado, de los golpistas en la convocatoria a elecciones para fin de noviembre, con el llamado a la conformación de un “gobierno de transición y reconciliación nacional”, y, por el otro lado, de Zelaya exigiendo su restitución como paso previo para avanzar en futuros acuerdos, llevó a una prolongación de las negociaciones.
En los últimos días, el grupo de Zelaya, que siempre ha demostrado, más allá de las idas y vueltas, su profunda búsqueda de acuerdo, nada menos que con quienes lo derrocaron, ha pedido con mayor énfasis la intervención del gobierno de EEUU en el conflicto de su país: desde la participación de la OEA , como mediador en las rondas de negociación, hasta el bloqueo económico al actual gobierno. Sin siquiera avergonzarse, Rasel Tomé, uno de los asesores de Zelaya, propuso, en una auténtica apología de la dependencia de su país: “…en Estados Unidos se encuentran las reservas internacionales de Honduras. El gobierno democrático de Barack Obama podría ordenar que se reconozca únicamente la firma del presidente Zelaya para tener acceso al dinero. Si eso sucediera, este régimen de facto se derrumbaría inmediatamente”.
Desde los últimos días de octubre se encuentra en la capital hondureña una nutrida delegación de funcionarios yanquis, encabezada nada menos que por el asesor de la Casa Blanca , Dan Restrepo, y el subsecretario de estado para América Latina, Thomas Shannon. Finalmente, la comitiva yanqui encontró el tan buscado acuerdo: será el congreso nacional el que decidirá sobre la restitución de Zelaya, que negoció la no-reforma de la constitución, al mismo tiempo que se mantienen las elecciones para el 29 de noviembre y se convoca a la formación de un “gobierno de unidad nacional”. Así, zelayistas y golpistas continuarán negociando, al compás de la embajada yanqui y las organizaciones empresarias de su país, una salida a sus disputas. Como venimos insistiendo, mes tras mes, ninguna alternativa ofrecerán al pueblo trabajador, más que continuar con la explotación y profundizar la dependencia de Honduras.