Sería insólito iniciar una discusión sobre la ley de medios que impulsa el gobierno, haciendo abstracción del mismo gobierno. De hecho ¿por qué deberíamos creer que un gobierno propatronal que lleva adelante el ajuste y los despidos contra los trabajadores y que se enriquece a su costa, impulsaría esta ley para beneficio popular?
Por supuesto, el gobierno que dice que crece el empleo y el salario, que la inflación no se mueve y que ha roto con el FMI, también nos dirá que la ley de medios es una medida popular. Una abierta mentira.
Más difícil de asimilar es la idea que promueven los “progres” al plantear que se puede abstraer lo secundario de lo fundamental y concebir una política de medios popular en el marco del antipopular gobierno kirchnerista. Por eso es que han votado a favor del gobierno. Pero así, buscando abstraer la parte del todo, ya se han equivocado muchas veces. Creían, por ejemplo, que un gobierno antipopular podía ser, a su vez, “defensor de los DDHH” y fue el gobierno con más presos políticos y muertos por gatillo fácil. Ahora sueñan con que sea “antimonopólico”, aunque hasta ayer haya sido socio de Clarín, aunque defienda permanentemente a las grandes empresas, como Techint, Repsol, o Kraft... y aunque ellos mismos sean grandes empresarios.
La verdad es que este gobierno, al que en nada le incomoda “una ley de la dictadura”, está impulsando esta medida con fines demagógicos, para tratar de recomponerse tras el revés del 28 de junio, y propagandísticos, para difundir la versión oficial de la realidad. Entre tanto, aprovecha la situación para disputarle los negocios privados a sus rivales políticos.
Otra disputa entre capitalistas
Los multimillonarios empresarios mediáticos de Clarín y TN son, por supuesto, una basura. Como buenos capitalistas, se enriquecen a costa de los trabajadores y nos atacan cada vez que nos organizamos y luchamos, lanzando su propaganda contra “el caos de los piquetes” y con despidos y represión contra la organización de los mismos trabajadores gráficos y de prensa. Pero no menos miserables son los empresarios amigos del gobierno que obtendrán los beneficios de esta disputa, así como viene pasando en otros rubros con capitalistas como Cristóbal López o Eurnekian. Tampoco son menos afines a los intereses de los poderosos, basta con ver cómo el kirchnerista Página/l2 evitaba registrar la represión de la multinacional Kraft en su tapa.
Todos los capitalistas de los medios coinciden en estos aspectos fundamentales, sea Noble, De Narváez, Manzano (antiguo compañero de los Kirchner en el PJ) o los más modernos empresarios de Electroingeniería, actuales protegidos del gobierno y flamantes dueños de Radio América.
En todo caso, en lo que insiste el kirchnerismo es en hacer pasar sus disputas interempresarias en nombre del “interés popular”(1). Su inevitable contraparte es una campaña mediática desesperada de los grupos económicos perdedores, como Clarín, quienes también quieren hacer pasar su mezquino interés en nombre del “interés general”, con falsas apelaciones a la “libertad de prensa” y demás mentiras.
Falsas promesas
Sabemos bien, que lo que dice el gobierno, no es lo que hace. Tenemos muchos ejemplos (control de la inflación y la pobreza, ruptura con FMI, vigencia de los DDHH) en donde lo dicho por el gobierno no sólo es falso, sino que sirve como cortina de humo para tapar las cosas que realmente hace: baja del salario, pobreza, despidos, represión, defensa de los empresarios, entrega al imperialismo...
Y una ley no hace magia, no transforma con su simple votación a un régimen pro empresario en uno antimonopólico, a un régimen pro yanqui en uno defensor de los intereses nacionales, y ni a un régimen antipopular en uno preocupado por el acceso popular a los recursos mediáticos. Muy por el contrario, cuando una ley, que se pretende “popular”, proviene justamente de un gobierno antipopular, pro empresario y servil al imperialismo, no es algo inofensivo, sino un plan de recomposición (luego del revés electoral del 28 de junio) para poder sostener con firmeza su gobierno patronal.
Así pues, la “gran democratización” de los medios que el gobierno promete con la división del espectro radioeléctrico entre los medios privados, los estatales y los comunitarios, y la promesa de poner control a los grandes grupos económicos tiene, para los trabajadores, un sentido muy concreto.
Nosotros, los trabajadores y nuestras organizaciones, que no contamos con los recursos ni con el apoyo político para acceder a esas instancias, veremos cómo, delante nuestro, se reparten los nuevos negocios y espacios para la propaganda de las instituciones y grupos pro empresariales. Mientras los empresarios kirchneristas disputan el negocio con los otros privados, el crecimiento de los medios públicos no le significará a los trabajadores más que la multiplicación de la mentirosa propaganda oficial que hoy promueve canal 7, utilizado para la disputa con los demás sectores de la burguesía y donde niegan o atacan las luchas populares vigentes. Lo vemos permanentemente, con las elecciones, con la disputa entre los empresarios del campo y los del gobierno o ante la lucha de Kraft, donde la represión fue tapada con dibujitos animados.
Tampoco los pretendidos medios comunitarios, condicionados económica y políticamente, serán para quienes están en la lucha, sino, por el contrario, para los que contribuyen al sostenimiento de la situación, como la UIA, la iglesia, la CGT , las universidades afines, etc. ¿O alguien podría creer, por ejemplo, que el gobierno que mandó a reprimir en Terrabusi, estaría promoviendo una ley para darle voz a los trabajadores de Terrabusi?
...
NOTAS:
1) Así fue con el campo, en donde la “redistribución de la riqueza” fue la consigna para disputar los negocios con las patronales agrarias, mientras el pueblo trabajador asiste a la tragedia de un país cada vez más desigual. Incluso con la televisación del fútbol, lejos de enfrentar a los empresarios millonarios como Grondona y Cía. (clubes, AFA, etc.), los ha premiado con el doble de paga para que abandonen TyC. Ahora, el gobierno, en vez de darle su lugar a los trabajadores de Canal 7, está transformando la televisación en un nuevo negocio otorgado al ex vocero presidencial Miguel Núñez y su productora La Corte.
Por supuesto, el gobierno que dice que crece el empleo y el salario, que la inflación no se mueve y que ha roto con el FMI, también nos dirá que la ley de medios es una medida popular. Una abierta mentira.
Más difícil de asimilar es la idea que promueven los “progres” al plantear que se puede abstraer lo secundario de lo fundamental y concebir una política de medios popular en el marco del antipopular gobierno kirchnerista. Por eso es que han votado a favor del gobierno. Pero así, buscando abstraer la parte del todo, ya se han equivocado muchas veces. Creían, por ejemplo, que un gobierno antipopular podía ser, a su vez, “defensor de los DDHH” y fue el gobierno con más presos políticos y muertos por gatillo fácil. Ahora sueñan con que sea “antimonopólico”, aunque hasta ayer haya sido socio de Clarín, aunque defienda permanentemente a las grandes empresas, como Techint, Repsol, o Kraft... y aunque ellos mismos sean grandes empresarios.
La verdad es que este gobierno, al que en nada le incomoda “una ley de la dictadura”, está impulsando esta medida con fines demagógicos, para tratar de recomponerse tras el revés del 28 de junio, y propagandísticos, para difundir la versión oficial de la realidad. Entre tanto, aprovecha la situación para disputarle los negocios privados a sus rivales políticos.
Otra disputa entre capitalistas
Los multimillonarios empresarios mediáticos de Clarín y TN son, por supuesto, una basura. Como buenos capitalistas, se enriquecen a costa de los trabajadores y nos atacan cada vez que nos organizamos y luchamos, lanzando su propaganda contra “el caos de los piquetes” y con despidos y represión contra la organización de los mismos trabajadores gráficos y de prensa. Pero no menos miserables son los empresarios amigos del gobierno que obtendrán los beneficios de esta disputa, así como viene pasando en otros rubros con capitalistas como Cristóbal López o Eurnekian. Tampoco son menos afines a los intereses de los poderosos, basta con ver cómo el kirchnerista Página/l2 evitaba registrar la represión de la multinacional Kraft en su tapa.
Todos los capitalistas de los medios coinciden en estos aspectos fundamentales, sea Noble, De Narváez, Manzano (antiguo compañero de los Kirchner en el PJ) o los más modernos empresarios de Electroingeniería, actuales protegidos del gobierno y flamantes dueños de Radio América.
En todo caso, en lo que insiste el kirchnerismo es en hacer pasar sus disputas interempresarias en nombre del “interés popular”(1). Su inevitable contraparte es una campaña mediática desesperada de los grupos económicos perdedores, como Clarín, quienes también quieren hacer pasar su mezquino interés en nombre del “interés general”, con falsas apelaciones a la “libertad de prensa” y demás mentiras.
Falsas promesas
Sabemos bien, que lo que dice el gobierno, no es lo que hace. Tenemos muchos ejemplos (control de la inflación y la pobreza, ruptura con FMI, vigencia de los DDHH) en donde lo dicho por el gobierno no sólo es falso, sino que sirve como cortina de humo para tapar las cosas que realmente hace: baja del salario, pobreza, despidos, represión, defensa de los empresarios, entrega al imperialismo...
Y una ley no hace magia, no transforma con su simple votación a un régimen pro empresario en uno antimonopólico, a un régimen pro yanqui en uno defensor de los intereses nacionales, y ni a un régimen antipopular en uno preocupado por el acceso popular a los recursos mediáticos. Muy por el contrario, cuando una ley, que se pretende “popular”, proviene justamente de un gobierno antipopular, pro empresario y servil al imperialismo, no es algo inofensivo, sino un plan de recomposición (luego del revés electoral del 28 de junio) para poder sostener con firmeza su gobierno patronal.
Así pues, la “gran democratización” de los medios que el gobierno promete con la división del espectro radioeléctrico entre los medios privados, los estatales y los comunitarios, y la promesa de poner control a los grandes grupos económicos tiene, para los trabajadores, un sentido muy concreto.
Nosotros, los trabajadores y nuestras organizaciones, que no contamos con los recursos ni con el apoyo político para acceder a esas instancias, veremos cómo, delante nuestro, se reparten los nuevos negocios y espacios para la propaganda de las instituciones y grupos pro empresariales. Mientras los empresarios kirchneristas disputan el negocio con los otros privados, el crecimiento de los medios públicos no le significará a los trabajadores más que la multiplicación de la mentirosa propaganda oficial que hoy promueve canal 7, utilizado para la disputa con los demás sectores de la burguesía y donde niegan o atacan las luchas populares vigentes. Lo vemos permanentemente, con las elecciones, con la disputa entre los empresarios del campo y los del gobierno o ante la lucha de Kraft, donde la represión fue tapada con dibujitos animados.
Tampoco los pretendidos medios comunitarios, condicionados económica y políticamente, serán para quienes están en la lucha, sino, por el contrario, para los que contribuyen al sostenimiento de la situación, como la UIA, la iglesia, la CGT , las universidades afines, etc. ¿O alguien podría creer, por ejemplo, que el gobierno que mandó a reprimir en Terrabusi, estaría promoviendo una ley para darle voz a los trabajadores de Terrabusi?
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NOTAS:
1) Así fue con el campo, en donde la “redistribución de la riqueza” fue la consigna para disputar los negocios con las patronales agrarias, mientras el pueblo trabajador asiste a la tragedia de un país cada vez más desigual. Incluso con la televisación del fútbol, lejos de enfrentar a los empresarios millonarios como Grondona y Cía. (clubes, AFA, etc.), los ha premiado con el doble de paga para que abandonen TyC. Ahora, el gobierno, en vez de darle su lugar a los trabajadores de Canal 7, está transformando la televisación en un nuevo negocio otorgado al ex vocero presidencial Miguel Núñez y su productora La Corte.