La lucha de la clase obrera argentina está en boca de una buena parte del país. La burguesía en su conjunto viene imponiendo la agenda del debate político hace ya demasiado tiempo. Retenciones, elecciones anticipadas, candidaturas testimoniales, diálogo político, ley de medios… son sólo algunos de los recientes temas impuestos en los medios masivos de comunicación en los últimos tiempos. Pero, sin embargo, la clase obrera, con su lucha, impone el debate en la política nacional.
El conflicto que protagonizan los obreros de Kraft Foods (ex Terrabusi) obliga a las principales personalidades políticas y a toda la prensa a tratar el tema. Pero no sólo a la prensa nacional. Importantes diarios internacionales se han referido a la huelga de los obreros del norte del Gran Buenos Aires y de la participación de importantes sectores del pueblo trabajador.
Es que un conflicto que comienza con un reclamo de medidas de prevención contra la gripe A y prosigue con la respuesta empresarial de despidos masivos, rápidamente se transforma en una aguda pelea que trasciende el hecho puntual que la origina. Se convierte en un claro y abierto choque entre clases sociales.
En la lucha de clases se miden dos fuerzas: la de los capitalistas y la de los obreros. En esta batalla no existe término medio ni neutralidad. Los capitalistas, con el apoyo del gobierno y la burocracia sindical, de un lado. La clase obrera, con el apoyo del pueblo, del otro. No hay medias tintas.
A poco de comenzada la huelga en la planta de Pacheco, lo más importante es no dar el brazo a torcer.
El empresariado no puede ceder, porque no quiere que el ejemplo de la lucha de los obreros de Kraft se expanda como reguero de pólvora y otros trabajadores comprendan que es posible vencer a una patronal tan poderosa. Apuesta a erradicar toda organización obrera y a imponer la voluntad de los capitalistas para impartir terror y pasividad entre la clase trabajadora.
La clase trabajadora no puede ceder, porque la avanzada patronal avasallará aún más a todos los trabajadores. Y así como van contra los delegados de Kraft, si los capitalistas salen fortalecidos, irán por todos los cuerpos de delegados y las comisiones internas antiburocráticas. Es necesario ponerle un freno al atropello de la burguesía.
La lucha de los obreros de Kraft, junto a la lucha de todos los que entienden que es una pelea del conjunto de la clase trabajadora, ya ha puesto de pie a los trabajadores frente el patrón. Y esto no es poco. Los capitalistas toman nota: la clase trabajadora argentina, si se organiza en forma independiente, sin la injerencia de la burocracia sindical, lucha y resiste con coraje. La lucha de los obreros de Kraft se erige, así, como un valioso ejemplo de dignidad obrera.
Además, este conflicto pone de manifiesto, al igual que todo otro choque entre clases, pero esta vez con mayores dimensiones, el rol y el carácter de clase del estado de la burguesía. Causa común han hecho todos los capitalistas frente a la clase obrera y el pueblo trabajador. Empresariado, burocracia y gobierno actúan como un solo hombre, dejando a un lado, incluso, sus disputas momentáneas. Todo el aparato estatal está puesto al servicio del empresariado. Es el brazo ejecutor de la imposición de los capitalistas: el poder ejecutivo negocia los despidos, el poder judicial ordena la represión, las fuerzas de seguridad reprimen a los obreros… La lucha de los trabajadores de Kraft desnuda esta realidad.
Una realidad que es necesario cambiar, cada vez con más urgencia. Y en este necesario y urgente cambio, la clase trabajadora es la única que puede desempeñar un papel decisivo. Una clase que viene retomando el protagonismo perdido en las últimas décadas. Una clase que, aunque forma embrionaria y fragmentada aún, viene desarrollando formas de organización y luchas sin la tutela de los jerarcas sindicales. Despojarse de la pesada mochila que representa la burocracia es un impostergable paso que hay que seguir dando, eligiendo delegados entre los mejores compañeros de trabajo, ganando cuerpos de delegados, conquistando comisiones internas y seccionales allí donde las fuerzas lo permitan.
Pero la lucha contra los capitalistas no se detiene allí. El conflicto de Kraft muestra que, tras la puja en torno a los despidos, se camufla una disputa mucho más significativa: qué voluntad se impone… ¿la de los capitalistas o la de los trabajadores?
Y para que quienes se impongan sean los trabajadores, para tomar las riendas del país y transformar el estado para que sirva a la gran mayoría que constituye el pueblo trabajador, y no a una minoría privilegiada, es necesario destronar a los capitalistas. Para eso, la tarea fundamental es, además de la participación en las organizaciones y las luchas de nuestra clase, la construcción del partido revolucionario de la clase trabajadora que sepa organizar y encauzar la lucha hacia la revolución de los trabajadores, la revolución socialista.