Una vez más, después del último encuentro de Mar del Plata de 2005, el gobierno de EEUU se sirvió de una nueva Cumbre de las Américas para reunir a toda la tropa latinoamericana con el objetivo de seguir reconstruyendo su imagen y reafirmar su dominio sobre el resto del continente.
El Revolucionario Nº46 (Mayo de 2009)
Trinidad y Tobago fue la sede de este encuentro que reunió a casi todos los mandatarios de América. La V Cumbre de las Américas transcurrió, como destacaron todos los presentes, en un clima de cordialidad, a tal punto que los diarios destacaron en tapa el “inicio de una nueva etapa en la relación EEUU-América Latina”. Allí, Barack Obama mantuvo reuniones en privado con Rafael Correa y Álvaro Uribe, además de dedicarle especial atención a su saludo con los presidentes Evo Morales y Daniel Ortega y fundirse en un cálido abrazo con Hugo Chávez que, después de regalarle una isla que era propiedad de PDVSA al gobierno yanqui, sentenció “Caramba, quiero ser tu amigo”. No es menor, pues, el aporte que los presidentes latinoamericanos están realizando para poder reconstruir la deteriorada imagen del gobierno yanqui, permitiéndole mostrarse como algo distinto a la anterior gestión de G. W. Bush, al gobierno demócrata que no cambiará en lo esencial su política hacia el resto del mundo, como lo demuestran la profundización de la ocupación en Irak y Afganistán o el último anuncio de Obama de que no juzgará a los militares y agentes de la CIA que torturaron prisioneros en Medio Oriente, a los que además calificó de “hombres y mujeres dedicados a proteger a EEUU”. Tampoco cambiará la política con respecto a América Latina. Ni la financiación e intervención militar en Colombia o el mantenimiento de bases en todo el continente, ni la intromisión en la política y la economía de cada país de la región. En este sentido, va la ya prometida recapitalización del BID por parte del gobierno yanqui. Así, por detrás de las reiteradas y celebradas declaraciones de cambio de relaciones diplomáticas con el gobierno cubano, la cumbre se centró en las líneas de crédito que desplegará este organismo y que permitirán continuar manejando hilos centrales de las economías nacionales.
La comitiva argentina, encabezada por Cristina Fernández, puso todas sus fichas en la búsqueda urgente de financiamiento. Así, aunque en esta oportunidad no pudo entrevistarse en privado con Obama, la presidenta no desperdició el tiempo y mantuvo reuniones con el titular del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, con el cual comenzó las negociaciones para la obtención de un préstamo que rondaría los u$s1.500 millones, y con la vicepresidenta del BM para América Latina, Pamela Cox. Esta última no perdió la oportunidad de felicitar a Cristina Fernández por el rumbo de la economía. “Argentina está demostrando mayor prudencia fiscal (...) Es una buena idea el uso de paquetes de estímulo”, destacó la representante del BM celebrando el ajuste en el gasto público impulsado por el gobierno kirchnerista y los recurrentes subsidios a los empresarios. También se acordó con esta entidad el desembolso de u$s3.300 millones para inversiones en el país.
Mirando a su alrededor en la Cumbre, el gobierno de Barack Obama puede sonreír tranquilo. Cuenta con la completa subordinación de los presidentes latinoamericanos para seguir dirigiendo en función a sus intereses los destinos del continente.
Trinidad y Tobago fue la sede de este encuentro que reunió a casi todos los mandatarios de América. La V Cumbre de las Américas transcurrió, como destacaron todos los presentes, en un clima de cordialidad, a tal punto que los diarios destacaron en tapa el “inicio de una nueva etapa en la relación EEUU-América Latina”. Allí, Barack Obama mantuvo reuniones en privado con Rafael Correa y Álvaro Uribe, además de dedicarle especial atención a su saludo con los presidentes Evo Morales y Daniel Ortega y fundirse en un cálido abrazo con Hugo Chávez que, después de regalarle una isla que era propiedad de PDVSA al gobierno yanqui, sentenció “Caramba, quiero ser tu amigo”. No es menor, pues, el aporte que los presidentes latinoamericanos están realizando para poder reconstruir la deteriorada imagen del gobierno yanqui, permitiéndole mostrarse como algo distinto a la anterior gestión de G. W. Bush, al gobierno demócrata que no cambiará en lo esencial su política hacia el resto del mundo, como lo demuestran la profundización de la ocupación en Irak y Afganistán o el último anuncio de Obama de que no juzgará a los militares y agentes de la CIA que torturaron prisioneros en Medio Oriente, a los que además calificó de “hombres y mujeres dedicados a proteger a EEUU”. Tampoco cambiará la política con respecto a América Latina. Ni la financiación e intervención militar en Colombia o el mantenimiento de bases en todo el continente, ni la intromisión en la política y la economía de cada país de la región. En este sentido, va la ya prometida recapitalización del BID por parte del gobierno yanqui. Así, por detrás de las reiteradas y celebradas declaraciones de cambio de relaciones diplomáticas con el gobierno cubano, la cumbre se centró en las líneas de crédito que desplegará este organismo y que permitirán continuar manejando hilos centrales de las economías nacionales.
La comitiva argentina, encabezada por Cristina Fernández, puso todas sus fichas en la búsqueda urgente de financiamiento. Así, aunque en esta oportunidad no pudo entrevistarse en privado con Obama, la presidenta no desperdició el tiempo y mantuvo reuniones con el titular del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, con el cual comenzó las negociaciones para la obtención de un préstamo que rondaría los u$s1.500 millones, y con la vicepresidenta del BM para América Latina, Pamela Cox. Esta última no perdió la oportunidad de felicitar a Cristina Fernández por el rumbo de la economía. “Argentina está demostrando mayor prudencia fiscal (...) Es una buena idea el uso de paquetes de estímulo”, destacó la representante del BM celebrando el ajuste en el gasto público impulsado por el gobierno kirchnerista y los recurrentes subsidios a los empresarios. También se acordó con esta entidad el desembolso de u$s3.300 millones para inversiones en el país.
Mirando a su alrededor en la Cumbre, el gobierno de Barack Obama puede sonreír tranquilo. Cuenta con la completa subordinación de los presidentes latinoamericanos para seguir dirigiendo en función a sus intereses los destinos del continente.