Reformismo, en nombre de Trotsky

No sólo la burguesía y el stalinismo contribuyen al desprestigio de la figura y el legado revolucionario que representa León Trotsky.
En las propias filas del “trotskysmo”, muchas corrientes y organizaciones despliegan una práctica y una acción que escasos puntos de contacto comparten con las concepciones fundamentales que caracterizan al marxismo revolucionario, del que el dirigente soviético supo ser referencia indiscutida.
No son pocos quienes se reclaman herederos o continuadores de Trotsky. Pero, recogiendo sólo algunos planteos o análisis, es decir, fragmentando sus concepciones revolucionarias, constituyen, en síntesis, una expresión más del reformismo. De este modo, contribuyen a tergiversar la imagen del revolucionario y a generar innumerables prejuicios en las generaciones jóvenes hacia la figura de León Trotsky, ya que, generalmente, es asociada, erróneamente, con estas corrientes refomistas.
El pacifismo, por ejemplo, es una característica que atraviesa a la inmensa mayoría de las corrientes que hoy se reivindican “trotskystas”. Aquel pacifismo que no hace más que “ablandar la voluntad del proletariado” del que nos previene el jefe del Ejército Rojo, es propagandizado incansablemente por los “trotskystas” de hoy. La negación de toda forma de lucha que se proponga superar las movilizaciones, los actos o los piquetes pacíficos, y la condena directa de las acciones violentas que lleva adelante el pueblo ejerciendo el legítimo derecho de expresar su bronca y ni qué decir de la violencia organizada por parte de la clase obrera en su lucha sindical o de las organizaciones político-militares que enfrentan al capitalismo y sus injusticias, son las expresiones más concretas de las enormes distancias que separan a quienes se hacen llamar “trotskystas” de las verdaderas concepciones de los revolucionarios.
El electoralismo, por su parte, también constituye una manifestación característica de muchas organizaciones del “trotskysmo”. Un electoralismo que, lejos de ser una instancia más de lucha como suelen afirmar, es el eje central de su actividad política. Con este énfasis puesto en la participación electoral, lo que promueven es la presentación de un falso atajo “revolucionario”, que convoca a la clase a trabajadora a confiar en la democracia de la burguesía y a abandonar cualquier expresión de lucha por la conquista del poder. De este modo, el pacifismo y el electoralismo van de la mano en los planteos del reformismo que habla en lenguaje revolucionario.
La política de alianza de clases ha calado hondo también entre muchas organizaciones “trotskystas”. Tal es así que no fueron pocas las corrientes que apoyaron, y algunos aún hoy apoyan, a gobiernos claramente burgueses como el de Hugo Chávez, Lula Da Silva o Evo Morales, llegando al extremo de defender los reclamos de un sector del empresariado argentino cuando el conflicto en torno a las retenciones móviles a las exportaciones.
Por estas razones, entre otras tantas, que van desde el oportunismo extremo que ha llevado algunas de ellas a movilizar junto a Juan Carlos Blumberg en reclamo de mayor represión, hasta las prácticas burocráticas contrarias a las que deben observar los militantes de la Revolución Socialista, hacen de la gran mayoría de las corrientes y organizaciones “trotskystas”, verdaderos exponentes del reformismo que, por su naturaleza, está en las antípodas de la Revolución y el Socialismo.