Miseria, desigualdad, explotación, represión… es la realidad que sufre permanentemente el pueblo trabajador bajo el capitalismo.
Los empresarios, los políticos patronales y los burócratas sindicales se llenan los bolsillos a costa de la opresión de nuestra gente. Y para que ellos tengan sus millones, nuestra clase se ve obligada a vivir en barrios miserables, a acudir a hospitales y escuelas decadentes, a sufrir trabajos extenuantes con salarios de miseria.
Frente a ello, día a día somos muchos los que nos arremangamos y asumimos la tarea de la organización cotidiana para la lucha. Comisiones internas, sindicatos, cuerpos de delegados, asambleas, agrupaciones, centros de estudiantes, organizaciones barriales… cada una es una trinchera de lucha contra la avanzada de la burguesía sobre el pueblo trabajador.
Nuestra organización es eso: una organización militante. Dedica enormes esfuerzos al desarrollo de la lucha. Contribuye cotidianamente a la construcción de los ámbitos de organización de la clase obrera y el pueblo, para promover el avance de la lucha contra el capitalismo.
Desde ese lugar de compromiso, de compañero a compañero, planteamos, en esta revista, una discusión que va más allá de las tareas inmediatas para la organización social o sindical. Una reflexión necesaria sobre la orientación política de la lucha que hemos emprendido, y que sólo cobra sentido si logra cumplir su cometido: cambiar esta realidad.
El conformismo busca adaptarse, cambiar las formas sin trastocar las estructuras sociales en las que se sostiene la explotación. Son las eternas falsas salidas que nos proponen los políticos burgueses, los progresistas, demócratas y socialdemócratas, los reformistas de todo color.
En su lugar, todos quienes buscamos cambiar verdaderamente esta sociedad tenemos otro camino: la revolución.
Pensar y actuar en función de la revolución es una tarea no sólo posible, sino necesaria.
El desarrollo de las organizaciones sociales o sindicales y su lucha cobran sentido en la medida en que nos orientemos en una perspectiva revolucionaria frente al capitalismo, en la medida en que luchemos por conquistar una nueva sociedad sin explotación.
Por eso, es una tarea fundamental reflexionar sobre la revolución, balancear las experiencias presentes y pasadas, aprender de ellas, y, con ese balance, organizarnos para librar la más hermosa de las luchas, la lucha del pueblo trabajador por su emancipación, la lucha revolucionaria por el socialismo.
Los empresarios, los políticos patronales y los burócratas sindicales se llenan los bolsillos a costa de la opresión de nuestra gente. Y para que ellos tengan sus millones, nuestra clase se ve obligada a vivir en barrios miserables, a acudir a hospitales y escuelas decadentes, a sufrir trabajos extenuantes con salarios de miseria.
Frente a ello, día a día somos muchos los que nos arremangamos y asumimos la tarea de la organización cotidiana para la lucha. Comisiones internas, sindicatos, cuerpos de delegados, asambleas, agrupaciones, centros de estudiantes, organizaciones barriales… cada una es una trinchera de lucha contra la avanzada de la burguesía sobre el pueblo trabajador.
Nuestra organización es eso: una organización militante. Dedica enormes esfuerzos al desarrollo de la lucha. Contribuye cotidianamente a la construcción de los ámbitos de organización de la clase obrera y el pueblo, para promover el avance de la lucha contra el capitalismo.
Desde ese lugar de compromiso, de compañero a compañero, planteamos, en esta revista, una discusión que va más allá de las tareas inmediatas para la organización social o sindical. Una reflexión necesaria sobre la orientación política de la lucha que hemos emprendido, y que sólo cobra sentido si logra cumplir su cometido: cambiar esta realidad.
El conformismo busca adaptarse, cambiar las formas sin trastocar las estructuras sociales en las que se sostiene la explotación. Son las eternas falsas salidas que nos proponen los políticos burgueses, los progresistas, demócratas y socialdemócratas, los reformistas de todo color.
En su lugar, todos quienes buscamos cambiar verdaderamente esta sociedad tenemos otro camino: la revolución.
Pensar y actuar en función de la revolución es una tarea no sólo posible, sino necesaria.
El desarrollo de las organizaciones sociales o sindicales y su lucha cobran sentido en la medida en que nos orientemos en una perspectiva revolucionaria frente al capitalismo, en la medida en que luchemos por conquistar una nueva sociedad sin explotación.
Por eso, es una tarea fundamental reflexionar sobre la revolución, balancear las experiencias presentes y pasadas, aprender de ellas, y, con ese balance, organizarnos para librar la más hermosa de las luchas, la lucha del pueblo trabajador por su emancipación, la lucha revolucionaria por el socialismo.