El Revolucionario Nº44 (Marzo de 2009)
Tras la asunción de Barack Obama como presidente de EEUU, el gobierno de Cristina Fernández no ha parado de demostrar su carácter adulador con el gobierno norteamericano. Lo mismo hacen los principales referentes de la oposición, remarcando la unidad de programa que existe sobre este punto.
No pocos periodistas comenzaron a hablar de la “obamamanía” para señalar el fanatismo que el flamante presidente yanqui despertó tanto en el oficialismo como en la oposición. Presidente que viene a continuar con la política norteamericana de sometimiento económico y de incursión militar en el mundo, como ya lo demostró con la mantención de tropas en Afganistán, la prorroga de la ocupación en Irak hasta agosto de 2010 (por lo menos), y el apoyo explícito de la masacre del estado de Israel al pueblo palestino.
Desde el gobierno, que obedientemente había celebrado también la reelección de Bush y la candidatura de Hillary Clinton, no demoraron ni un instante en felicitar al electo Obama. A las delirantes comparaciones entre Obama y Perón y Nestor Kirchner, siguieron las agitadas tratativas por conseguir un encuentro entre ambos presidentes. Inicialmente, cuando se esperaba un contacto telefónico como sucediera con Lula da Silva y Bachelet, la tan aguardada comunicación llegó a través de una carta para Cristina Fernández como respuesta al envío de felicitaciones del gobierno argentino. Ni siquiera este leve desaire pudo opacar la admiración que desde el gobierno nacional le profesan al jefe de turno de la Casa Blanca. “Es una invitación al diálogo. No importan las formas sino el contenido”, insistieron desde la Casa Rosada.
Al mismo tiempo, se sucedieron como de costumbre las periódicas reuniones diplomáticas, en esta oportunidad con el objetivo de “acercar posiciones” con vistas a las próximas reuniones del G-20 y de la Cumbre de las Américas. En primer lugar, se encontraron en Buenos Aires el canciller Jorge Taiana y el embajador yanqui, Earl Anthony Wayne. Días mas tarde, esta vez en Washington, se reunieron en un almuerzo el subsecretario de asuntos hemisféricos, Thomas Shannon, con el embajador Héctor Tímerman, y el vicecanciller argentino, Victorio Taccetti. El gobierno nacional pudo afirmar orgulloso que era la primera visita de importancia que recibía el gobierno de Obama y calificaron la reunión como “un gran signo; un mensaje político”. Por su parte, desde el gobierno norteamericano, señalaron que se revisaron asuntos de “mutuo interés” y que nuestro país es un “socio muy importante”. Otra vez en Buenos Aires se reunieron Wayne y Taiana para dejar en claro que la injerencia pública de la CIA en los asuntos nacionales no perjudicaría las buenas relaciones.
No se quedan atrás en su demostración servil los máximos referentes de la oposición. El ex presidente Raúl Alfonsín, le envió a Obama una carta con sus “felicitaciones y buenos augurios”. Por su parte Elisa Carrió y Alfonso Prat Gay, no pudieron ocultar su felicidad por haber participado en Washington del “desayuno oficial de la oración”, que tuvo como máximo anfitrión al presidente de EEUU, secundado por su vice Joe Biden, el matrimonio Clinton, la titular de la cámara de representantes Nancy Pelosi, y Tony Blair, entre otros verdugos de primera línea(1).
Oficialismo y oposición dejaron al desnudo otro de sus fundamentales acuerdos: la absoluta sumisión al imperialismo yanqui.
Tras la asunción de Barack Obama como presidente de EEUU, el gobierno de Cristina Fernández no ha parado de demostrar su carácter adulador con el gobierno norteamericano. Lo mismo hacen los principales referentes de la oposición, remarcando la unidad de programa que existe sobre este punto.
No pocos periodistas comenzaron a hablar de la “obamamanía” para señalar el fanatismo que el flamante presidente yanqui despertó tanto en el oficialismo como en la oposición. Presidente que viene a continuar con la política norteamericana de sometimiento económico y de incursión militar en el mundo, como ya lo demostró con la mantención de tropas en Afganistán, la prorroga de la ocupación en Irak hasta agosto de 2010 (por lo menos), y el apoyo explícito de la masacre del estado de Israel al pueblo palestino.
Desde el gobierno, que obedientemente había celebrado también la reelección de Bush y la candidatura de Hillary Clinton, no demoraron ni un instante en felicitar al electo Obama. A las delirantes comparaciones entre Obama y Perón y Nestor Kirchner, siguieron las agitadas tratativas por conseguir un encuentro entre ambos presidentes. Inicialmente, cuando se esperaba un contacto telefónico como sucediera con Lula da Silva y Bachelet, la tan aguardada comunicación llegó a través de una carta para Cristina Fernández como respuesta al envío de felicitaciones del gobierno argentino. Ni siquiera este leve desaire pudo opacar la admiración que desde el gobierno nacional le profesan al jefe de turno de la Casa Blanca. “Es una invitación al diálogo. No importan las formas sino el contenido”, insistieron desde la Casa Rosada.
Al mismo tiempo, se sucedieron como de costumbre las periódicas reuniones diplomáticas, en esta oportunidad con el objetivo de “acercar posiciones” con vistas a las próximas reuniones del G-20 y de la Cumbre de las Américas. En primer lugar, se encontraron en Buenos Aires el canciller Jorge Taiana y el embajador yanqui, Earl Anthony Wayne. Días mas tarde, esta vez en Washington, se reunieron en un almuerzo el subsecretario de asuntos hemisféricos, Thomas Shannon, con el embajador Héctor Tímerman, y el vicecanciller argentino, Victorio Taccetti. El gobierno nacional pudo afirmar orgulloso que era la primera visita de importancia que recibía el gobierno de Obama y calificaron la reunión como “un gran signo; un mensaje político”. Por su parte, desde el gobierno norteamericano, señalaron que se revisaron asuntos de “mutuo interés” y que nuestro país es un “socio muy importante”. Otra vez en Buenos Aires se reunieron Wayne y Taiana para dejar en claro que la injerencia pública de la CIA en los asuntos nacionales no perjudicaría las buenas relaciones.
No se quedan atrás en su demostración servil los máximos referentes de la oposición. El ex presidente Raúl Alfonsín, le envió a Obama una carta con sus “felicitaciones y buenos augurios”. Por su parte Elisa Carrió y Alfonso Prat Gay, no pudieron ocultar su felicidad por haber participado en Washington del “desayuno oficial de la oración”, que tuvo como máximo anfitrión al presidente de EEUU, secundado por su vice Joe Biden, el matrimonio Clinton, la titular de la cámara de representantes Nancy Pelosi, y Tony Blair, entre otros verdugos de primera línea(1).
Oficialismo y oposición dejaron al desnudo otro de sus fundamentales acuerdos: la absoluta sumisión al imperialismo yanqui.