Un nuevo mes ha transcurrido con la dictadura cívico-militar de Micheletti en Honduras y las negociaciones siguen a la orden del día. La novedad de las últimas semanas fue, sin dudas, el retorno de Zelaya a territorio hondureño. El presidente derrocado a fines de junio logró ingresar a su país, tras varios intentos, para terminar refugiándose en la embajada de Brasil, dónde se encuentra recluido con asilo político. Las movilizaciones que se produjeron a su llegada fueron violentamente reprimidas por la policía y el ejército, como viene sucediendo desde el primer día del golpe.
Sin embargo, pese al retorno de Zelaya, las opciones que se barajan para el futuro del gobierno son prácticamente las mismas. Los golpistas, expresión de los sectores más abiertamente reaccionarios de la burguesía hondureña, ganan tiempo apostando al debilitamiento de la resistencia popular, pensado en una reorganización a su medida. Y, por estos días, la mayor parte de los líderes golpistas se muestran confiados sobre el porvenir. El jefe de las FFAA, general Romero Vázquez, afirmó en conferencia de prensa que “rápidamente estamos llegando a una solución, es lo que todos estamos esperando”, mientras que el mismo Micheletti ya no tiene reparo en señalar ante la prensa internacional que a Zelaya “lo sacamos porque se fue a la izquierda”. En las principales cámaras empresarias también se vive con optimismo el presente. El jefe de la Asociación Nacional de Industriales, Adolfo Facussé, prepara un plan con participación de la embajada yanqui (y del cual dicen fue invitado a discutir el propio Zelaya) para reorganizar el gobierno, haciendo volver a Micheletti al congreso, otorgándole un cargo simbólico a Zelaya y estableciendo un “consejo de ministros multipartidario con vigilancia militar”.
Zelaya, por su parte, atrincherado ahora en la embajada brasileña, no es ninguna alternativa para el pueblo hondureño. Como señaláramos el último mes, el golpe en Honduras es“…una demostración cabal de la imposibilidad de llevar adelante ningún proyecto serio de mejora de las condiciones de vida del pueblo y, aun, de defensa de lo ya conquistado, si no es por medio de la lucha popular. El intento de Zelaya de suplir esta lucha con palabreríos diplomáticos ha sido la base sobre la cual los golpistas han conseguido el tiempo para reacomodarse y seguir gobernando”. Todas las opciones que manejan los grupos empresarios hondureños y sus representantes políticos, ya sean golpistas o pertenecientes al grupo del derrocado Zelaya, mantendrán, por sobre todas las cosas, el respeto a la propiedad privada y la defensa de la ganancia empresaria, que han llevado al pueblo hondureño a las condiciones de extrema pobreza actuales.
Planteábamos, también: “Defender la independencia de los trabajadores frente a la burguesía y sus representantes (incluyendo los que se hacen pasar como “de izquierda”)” y depositar “la confianza y el trabajo militante en los propios trabajadores cuya fuerza y organización es capaz de voltear cualquier gobierno y de imponer un nuevo régimen social”.(1) Esa debe ser la consigna de los trabajadores y del pueblo hondureño, para enfrentar el golpe y los acuerdos que vendrán.
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NOTAS: 1) Ambas citas pertenecen a “Golpe en Honduras: El plan golpista, por vía democrática”, en ER Nº50, septiembre